sábado, 15 de marzo de 2025

San Mateo 6, 1-4: Dar

 


Maneras correctas de dar



Hay tres disciplinas espirituales requeridas para la práctica de la piedad personal: dar, orar y ayunar.

En tiempos cuaresmales se hacen presentes vivamente las prácticas espirituales.

En esta ocasión nos abocaremos en la práctica de dar.

 

¿Pero qué nos dicen los Evangelios acerca de estas prácticas? Y ¿Cuáles son las formas correctas e incorrectas de dar?

 

Veamos en esta ocasión el Evangelio según San Mateo capítulo 6, 1-4:

 

1.«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

 

En primer lugar, vemos la importancia de hacer el bien para agradar a Dios: no debemos hacer el bien para agradar a los demás o para aquietar nuestra consciencia, simplemente debemos hacer el bien por amor a Dios.

 

Leemos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos”.

 

También aquí, encontramos una advertencia de Jesús quien nos dice que no hay que hacer el bien para ser vistos por los demás, ya que hacer justicia delante de los hombres para ser vistos, no trae recompensa divina. Lo que Jesús nos advierte es que no hagamos justicia delante de los otros hombres simplemente para que nos vean y nos consideren personas justas, más bien tenemos que hacer cosas justas, cosas buenas para Gloria de Dios. No debemos hacer cosas buenas simplemente por el bien de nuestra propia imagen o exposición pública.

Jesús en este versículo nos demuestra el peligro de cultivar una imagen de justicia, es decir que, aunque los cristianos estamos llamados a ser vistos haciendo obras buenas (Mateo 5, 16), no debemos hacer cosas buenas simplemente para ser vistos.

 

En segundo lugar, cuando nos dice “de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”, nos está advirtiendo acerca de no buscar recompensa en este mundo, no buscar el aplauso, el alago de los otros.

Es casi imposible como seres humanos, hacer cosas espirituales enfrente de otros sin pensar en cuál será su opinión que ellos tienen de nosotros mientras hacemos estas cosas, y si ellos estarán pensando mejor o peor de nosotros mientras hacemos lo que hacemos. La cuestión es qué si cuando hacemos buenas obras por la atención y aplauso del hombre, esta atención y aplauso es nuestra recompensa. Por eso Jesús nos advierte que es mejor recibir una recompensa del Padre que está en los cielos, pues a Dios le importa cómo hacemos las buenas obras, y con qué motivo las hacemos.

 

2.Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.

 

En estos versículos, Jesús nos habla de las formas correctas e incorrectas de dar.

 

Era una costumbre en tiempos antiguos tocar trompeta, tanto para cuando se hacían regalos como para llamar la atención cuando alguien realizaba sus donaciones, de este modo, la persona era reconocida como generosa, era una oportunidad dorada para la ostentación. Hoy en día, aunque no se tocan trompetas, hay modos modernos de proyectar la imagen de generosidad de una persona, y así, seguimos llamando la atención de los demás cuando hacemos donaciones.

 

Cuando, pues, damos limosna, no hay que tocar trompeta para ser alabados por los hombres, porque no es esa la recompensa que debemos buscar.

 

Llamaba hipócritas a aquellas personas que actuaban falsamente, vivían actuando una realidad que no era tal, gente con un doble standard, eran personas que simplemente eran actores, realizaban una actuación: actuaban de gente piadosa y santa cuando en verdad no lo eran, y utilizaban el mundo como su propio escenario.

 

Jesús les dice a aquellos que dan simplemente para recibir el aplauso de los demás, les dice que disfruten de ese aplauso porque es la única recompensa que tendrán, ese es su pago completo, pues no habrá recompensa en el cielo para el que lo hizo por el motivo de recibir una recompensa en el mundo.

 

 

3.Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;

 

La idea de hacer obras caritativas, dar limosna y ser justo era la misma cosa para el pueblo judío; se obtiene merito delante de Dios y expiación por los antiguos pecados.

Pero debemos hacer correctamente esas obras: Debemos ocultar nuestras donaciones de la mirada de todos, hacer que nuestra limosna sea en lo secreto, así nuestro Padre que todo lo ve, nos recompensará.

 

Por eso cuando dice: “No sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”: nos está diciendo que nuestro dar debe de ser – si es posible – hasta oculto de nosotros mismos.

Aunque no podemos ser ignorantes de nuestras propias donaciones, podemos negarnos de hacer cualquier autocomplacencia indulgente, por eso es conveniente mantener nuestros actos tan secretos que se hago difícil para nosotros darnos cuenta que estamos haciendo un bien elogiable.

Solo Dios debe ser nuestra audiencia.

 

4.así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

 

No debemos dar para nuestra propia gloria se enteren los demás o no se enteren, pues si damos simplemente por nuestra propia gloria no tendremos recompensa de Dios, en cambio, si damos para la Gloria de Dios, no importa quién o cómo se enteren, porque estamos dando por el motivo correcto.

 

Es el propio Jesús quien destaca la importancia, el gran valor de hacer buenas obrar para la Gloria de Dios. Es mucho mejor recibir nuestra recompensa de Dios, quien recompensa mucho más generosamente y en públicamente que los hombres.

 

Dios ve en lo secreto, Él no solo ve nuestras acciones sino el motivo que nos guio a hacer las cosas.

Las cosas hechas de modo correcto ciertamente serán recompensadas siempre.

 

Por eso es importante en el momento de dar, hacerlo con alegría, no esperar el aplauso de los otros, los halagos, las palabras bonitas y muchas veces engañosas, también hay que evitar auto-aplaudirnos cuando damos, cuando ofrecemos limosna, no creer que somos buenos o generosos al dar al necesitado o diezmar en el Templo, simplemente lo tenemos que hacer por amor a Dios que es todo y para todos.

 

Esta breve reflexión se propone reflexionar acerca de nuestra postura respecto a nuestra relación con la divinidad, con nuestra propia forma de pensar sobre nosotros mismos y nuestra propia humildad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar en esta página.