Para adentrarnos en este tema apasionante,
comenzaremos por preguntarnos algunas cuestiones:
¿sabemos
quién es el Espíritu Santo?
¿nos
relacionamos correctamente con Él?
¿Cuáles
son algunas de las características del Espíritu Santo?
Sin pretender agotar el tema, simplemente
comenzaremos a cuestionarnos algunos puntos importantes y para ello nos vamos a
apoyar en lo que dice el Evangelio según
San Juan en el capítulo 14.
¿Quién es
el Espíritu Santo?
Si bien el Espíritu Santo estuvo
mencionado en muchas ocasiones en el Antiguo Testamento, -tema que trataremos
en otro momento-, vemos cómo acompañó en las distintas etapas. También Jesús
acompaño a sus discípulos, la gran diferencia es que los discípulos lo vieron a
Jesús –quien también consolaba a los discípulos y nos prometió no dejarnos
solos y enviar al Paráclito, y en cambio, nosotros no vemos al Espíritu Santo
que es nuestro gran acompañante, nuestro consolador, y aquel que atestigua
Tenemos que conocer al Espíritu Santo,
reconocer todo tipo de sensaciones y emociones que nos produce y así comenzar a
pensar y conocer la función de Espíritu Santo en nuestras vidas. En esta
ocasión nos basamos en el Evangelio según San Juan, capítulo 14.
San Juan capítulo 14
17.el Espíritu de la Verdad, que el mundo
no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Pero vosotros lo sabéis, porque
está con vosotros y permanecerá con vosotros.
18.No te dejaré solo, sino que volveré a
ti.
26.Entonces el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les enviará en mi
Nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho.
También nos dice que es el testigo el
único testigo San Juan lo describe en
el capítulo 14 como “el consolador que está con nosotros”.
Si
queremos ver la obra del Espíritu Santo en nuestra vida primero hay que mirar
la vida de Jesús desde su nacimiento hasta la ascensión al cielo.
Al partir Jesús nos entrega los regalos
del Espíritu Santo y su paz. Si bien Jesús nombró al Espíritu Santo en este
mismo capítulo de Juan, en el versículo 16, nos hace la promesa de que cuando
Él parta le pedirá al Padre enviar al Espíritu Santo para ayudar a todos los discípulos
a través de los siglos. Recibimos el Espíritu Santo no por nuestros méritos
sino por los méritos de Jesús. Esta es otro maravilloso ejemplo trinitario:
Dios Padre envía a Dios Espíritu Santo por la petición de Dios Hijo.
Es el Espíritu Santo quien nos enseñará
todas las cosas y nos recordará lo que Jesús ha dicho, es el Espíritu Santo
quien nos hace recordar las enseñanzas de Jesús.
Jesús nos dejó la herencia más grande: la
presencia y el poder del Espíritu Santo y nos dejó también su propia paz, su
paz completa y confiada en el amor de Dios Padre. Él describe “Mi Paz”, con un
corazón tranquilo, más allá de todo el sufrimiento que tenía que pasar en su
Pasión. Esta paz que nos deja Jesús está más allá de la paz del mundo, por eso
nos dice “no se turbe vuestro corazón”, con fe en Dios podemos tener un corazón
tranquilo en una vida con problemas mundanos.
¿Nos relacionamos correctamente con el Espíritu Santo?
Un gran problema en nuestra cultura actual
es que no siempre sabemos quién es el Espíritu Santo y, por consiguiente, no
sabemos cómo relacionarnos con Él, o bien cuando nos relacionamos con esta
tercera persona de la Santísima Trinidad no lo hacemos de modo ideal. Pues
muchas veces nuestras impresiones son incorrectas y esto nos perturba e impide
una sana relación tanto con las personas como nosotros como también con la
Santísima Trinidad, por eso el discernimiento, la oración, la contemplación nos
ayudan a relacionarnos mejor, superando todo prejuicio mental que obtura esa
relación con nuestro Dios.
El espíritu Santo toca debe nuestros
corazones, obrar en nosotros, pues hay así verdadera salvación ya que la
salvación comienza en el corazón no en la mente.
Es el consolador: el consejero, es quien
nos orienta e instruye y nos ayuda a tomar las decisiones correctas
Hay
algunas cosas a tener en cuenta en nuestra relación con el Espíritu Santo:
No podemos permitir que nuestra relación
con el Espíritu Santo sea entendiendo la relación que tenemos con Cristo en
nuestra vida.
No podemos recibir la relación con el
Espíritu Santo por la salvación de nuestra vida (esto es solo el conocimiento
que tenemos) pero el Espíritu Santo está presente no desde Pentecostés sino
desde el principio del mundo. (no nació en Pentecostés, preexiste a
Pentecostés) el Espíritu Santo está presente desde la creación, también vemos
por ejemplo el caso de Sansón. El Espíritu Santo iba y venía, pero ahora desde
Pentecostés está presente. Tenemos que saber que Él es providente en el Antiguo
Testamento. Sansón no habló lengua, pero estaba lleno del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es más que lo que
encontramos en el texto de Hechos de los apóstoles, también vemos Génesis del 2 al 8; vemos Éxodo: Moisés. Hay que mirar toda la
Palabra de Dios.
Volvamos a los versículos del Evangelio de San Juan:
Jesús
realiza una serie de promesas, una de ellas es rogar al Padre para que envíe a
otro consolador, esta es la segunda de una serie de promesas, ya que los
discípulos temerosos, asustados ante el abandono supuesto de Jesús, no sabrían
qué hacer ante la partida del Maestro. Pero Jesús les promete que tendrían aún más
ayuda porque el Padre enviaría a otro Consolador. Jesús comprendía muy bien que
todos los discípulos, aquellos primeros y todos los discípulos que lo estarían
a través de los tiempos, necesitaríamos de la presencia de Dios y su poder para
poder caminar según sus mandamientos. Vemos el ejemplo maravilloso de la idea
trinitaria, cómo la Santísima Trinidad interactúan para el bien del pueblo de
Dios y del plan Divino.
En
cuanto a la palabra “consolador”, es la traducción de la palabra griega
“parakletos”, que lleva la idea de alguien que es llamado a ayudar a alguien
más, y se puede referir a un consejero, un defensor legal, un mediador, o un
intercesor. Jesús es quien nos muestra la naturaleza del Padre y el Espíritu
Santo es quien nos muestra a Jesús.
Si
bien sería maravilloso vivir nuestra vida con Jesús a nuestro lado de la forma
en que vivieron los primeros discípulos, es el mismo Jesús quien prometió que
el Espíritu Santo cumpliría ese rol para nosotros en nuestras vidas, para
fortalecer y ayudar al creyente, para que esté junto a nosotros siempre. Jesús
nos indica que el Espíritu Santo no es una cosa sino una persona que estará
permanentemente junto a nosotros y no de modo temporal como lo estaba en el
Antiguo Testamento. Este abogado estará siempre junto a los discípulos.
Jesús
nos habla de tres aspectos de la relación de un discípulo con el Espíritu Santo
en contraste con las cosas del mundo:
-
En
contraste con el mundo que no conoce al Espíritu de Verdad, el discípulo de
Jesús debe conocer al Espíritu Santo.
-
En
contraste con el mundo, el discípulo de Jesús debe tener al Espíritu Santo con
él.
-
En
contraste con el mundo, el discípulo de Jesús debe tener al Espíritu Santo en
él.
El
Espíritu Santo nos da fortaleza de espíritu.
En
resumen, el versículo de Juan 14:26 nos recuerda que el Espíritu Santo es una
presencia viva y poderosa en nuestras vidas. Él está disponible para enseñarnos
y guiarnos a cada paso del camino, si estamos dispuestos a escuchar Su voz y
seguir Sus instrucciones.
¿Cuáles
son algunas de las características del Espíritu Santo?
Santificador
Es
el que produce santidad en nuestros corazones.
Él
suscita en nuestros corazones las virtudes y las buenas cualidades que nos
hacen santos y agradables a Dios.
Por
eso dice San Pablo: “los frutos del Espíritu Santo son: caridad, alegría, paz,
paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza, contra esas
cosas no existe ley” (Gal 5, 22-23)
Dios
nos llena del fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas cuando comenzamos a
caminar con Jesús, con frutos de arrepentimiento,
y
cada vez va fortaleciéndonos en cada uno de estos frutos y si fallamos Él nos
ayuda en el poder de su Espíritu.
Vivificante
Él
nos da la vida: (Gal 5,25) “Si vivimos en espíritu, en espíritu también
caminemos.”
Él
nos engendra, nos hace hijos de Dios y nos hace nacer espiritualmente.
El
libro de Gálatas es una de las cartas más importantes del apóstol Pablo y se
enfoca en temas como la justificación por la fe y la libertad que tenemos en
Cristo. En este versículo, Pablo nos invita a vivir por el Espíritu y a andar
por el Espíritu.
Espíritu
Santo: espontáneo, desorden, sensaciones, etc. Y
si pensamos así nos vamos a lo pendular: pasamos de la razón a la sensación y
no es así. Perdemos el balance.
Romanos
8: vemos una relación con el Espíritu Santo. Pablo
declara que ninguna condena hay para los que están en Cristo.