sábado, 22 de marzo de 2025

San Mateo 6, 5-8: modos correctos de orar

 



Modos correctos de orar



 Ya al comentar el Evangelio según San Mateo 6, 1-4, habíamos destacado la importancia de dar, y de dar correctamente.

 

En esta ocasión siguiendo al evangelista, nos abocaremos en la práctica de orar de modo correcto, buscando la comunión privada con Dios y confiando en Su conocimiento y providencia.

 

¿Cuál es la manera correcta y la manera incorrecta de orar? ¿Cómo podemos experimentar la paz y la alegría profundas que provienen de una vida de oración vibrante?

 

Veamos en esta ocasión el Evangelio según San Mateo, capítulo 6 versículos 5 al 8.

 

 

5.«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga”.

 

 

En este versículo vemos ejemplos de las maneras equivocadas y las maneras correctas de orar.

En primer lugar, nos dice: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas”. Tanto como hemos visto en Mateo 6, 1-4 la importancia de dar, Jesús asumía que sus discípulos darían, así que les dijo prontamente que dieran, y también Nuestro Señor asumía que sus discípulos oraban, y era importante que no oraren de la misma manera que los hipócritas porque los hipócritas amaban orar de pie en las sinagogas y en las esquinas. Debemos recordar que, en aquellos tiempos de Jesús, había dos lugares principales en donde el judío podía puede orar de manera hipócrita. Podían orar en la sinagoga en la hora de la oración publica, o en las esquinas en las horas señaladas a la oración.

En segundo lugar, nos dice: “Para ser vistos por los hombres”: Estos hipócritas no oraban para ser vistos por Dios, sino para ser vistos por los hombres, querían que todos los consideraran personas piadosas, hombres que cumplen con la ley. Esta es una falta común en la oración pública también en nuestros días, pues muchas personas orar de hoy, cuando la gente ora para impresionar a otros en vez de derramar genuinamente sus corazones ante Dios. Tales oraciones simplemente utilizan a Dios como herramienta, como instrumento para impresionar a otros.

Luego leemos en el Evangelio: “Ya tienen su recompensa”: Nuevamente, aquellos que oran para ser vistos por los hombres ya tienen su recompensa, y deben de disfrutarla por completo porque eso es todo lo que recibirán. No hay recompense en los cielos para dichas oraciones.

 

6. “Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

 

 

Luego nos dice: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento”: Debemos de encontrar a Dios en nuestro aposento, ese lugar privado donde no podemos impresionar a nadie más que a Dios. Destacamos que, la palabra “aposento” era usada en el idioma griego para hablar de aquel lugar donde se guardaban los tesoros. En ese lugar secreto donde nos aguardan los tesoros es donde debemos orar, siempre nuestras oraciones deben ser dirigidas a Dios. Si bien es importante la oración con toda la asamblea, no debemos descuidar nuestra oración personal en privado con Dios.

 

7. “Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados”

 

Comienza Jesús a indicarnos la manera correcta de orar.

 

En primer lugar, vemos que la manera correcta de orar no usa vanas repeticiones, no hay que usar palabras sin significado, debemos orar con la mente y el corazón no con la boca repitiendo vanamente palabras vacías de sentido.

Si bien muchos rabinos decían que cuando los justos hacen su oración larga, esa oración es escuchada. Pero muchas veces uno puede orar de manera larga, pero para el bien equivocado, Dios no es impresionado por la longitud de la oración o por la elocuencia de nuestras oraciones, sino lo importante es el corazón, por eso decimos que la oración requiere más del corazón que de la lengua.

 

La elocuencia de la oración consiste en el fervor del deseo y de la fe simple.

Tal vez cuando intentamos sorprender a Dios o a los demás hermanos con muchas palabras, estamos negando la grandeza de Dios, para ello debemos pensar en el consejo que en el libro del Eclesiastés 5, 2 nos da: “Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras”.

 

Nuestra oración como cristianos es medida por el peso, y no por la longitud. Muchas oraciones pueden ser cortas pero fuertes.

Es importante no hablar solo por hablar, serían las vanas repeticiones.

 

8. “No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo”.

En este versículo nos dice que Dios Padre sabe de qué cosas tenemos necesidad antes de que las pidamos.

 

Simplemente oramos para unirnos y apelar a un Dios amoroso que quiere que le llevemos cada una de nuestras necesidades y preocupaciones.

 

No oramos a modo de informar a Dios de aquello que nos aqueja, de aquellos a lo que aspiramos, sino para reconocer nuestra miseria y su Grandeza, para levantar nuestro corazón al cielo, hacia Dios.

 

A modo de conclusión:

 

Jesús da a sus discípulos una oración marcada por una relación unida, una relación de reverencia, sumisión, dependencia y confianza. A medida que nos esforzamos por implementar estos principios en nuestras vidas diarias, que podamos crecer en nuestra comprensión de la oración como una práctica vital y vivificante. Busquemos cultivar una relación más profunda con nuestro Padre, confiados en Su amor y provisión, y comprometidos a alinear nuestros corazones con Su voluntad.

 

San Mateo nos ofrece en su Evangelio una guía atemporal sobre la práctica de la oración y enfatiza la importancia de la sinceridad y de la humildad tanto como la confianza en nuestra relación con Dios.

 

En estos versículos Nuestro Señor Jesucristo nos enseña que orar no se trata de apariencias externas o de palabras largas, sino que orar es una fuerte y genuina conexión con nuestro Padre Celestial.

 

Luego en los siguientes versículos Jesús nos dice cuál es la forma correcta de orar. Nos da una explicación memorable de la manera correcta de orar.

 

Jesús nos da un modelo de oración que conocemos como el Padre Nuestro, pero estos versículos siguientes necesitan ser tratados en otro artículo.

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