¿Qué es el sacramento de la Unción de Enfermos?
Generalidades:
1. Es el sacramento que da la
Iglesia para atraer la salud de alma, espíritu y cuerpo al cristiano en estado
de enfermedad grave o vejez. La Unción de
enfermos se conocía antes como "Extrema Unción", pues sólo se
administraba "in articulo mortis" (a punto de morir).
2.
La Unción de los Enfermos es una
preparación para el paso de esta vida a la gloria eterna y son muchos los
efectos y gracias que confiere al enfermo
3.
Es un sacramento de
curación, el cual es un regalo de Dios que ayuda a sanar y purificar el
espíritu de quien lo recibe. A través de él, se
pide al Señor, la salud del cuerpo, del alma y del espíritu del cristiano que
pasa por una grave enfermedad o vejez avanzada. Asimismo, al recibir la unción
bien dispuesto y en gracia, si es la voluntad de Dios, puede obtenerse,
incluso, la curación o la salud que necesita el enfermo.
Definición
de la Iglesia:
La Iglesia lo define así: “La gracia primera de este
sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las
dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la
vejez. […] Esta asistencia del Señor, por la fuerza de su Espíritu, quiere
conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si
tal es la voluntad de Dios” (CEC 1520).
¿Quiénes pueden
administrar la Unción de los enfermos?
Este sacramento sólo puede ser administrado por el obispo o el sacerdote, quien ungirá con aceite consagrado en la
frente y en las palmas de las manos.
¿Quiénes pueden recibir
la Unción de los enfermos?
1.
No se debe pensar que este signo
sacramental está reservado solamente para quienes estén cerca de la muerte,
sino que también pueden recibirlo aquellos que sean conscientes y que, por
voluntad propia, consideren necesario recibirlo en caso de grave enfermedad. De
tal modo que, si un fiel está en peligro de muerte, está sufriendo una grave
enfermedad, pasa por avanzad edad o recibirá una operación delicada, puede
solicitar que se le administre dicho sacramento.
2.
No hay un límite de veces para poder
recibir este sacramento, sino que puede recibirse las veces que sean
necesarias, siempre y cuando se encuentre en peligro de muerte, pase por
momentos de debilidad en la salud, o bien, las personas con edad avanzada.
3. "Cualquier miembro de los fieles puede
recibir este sacramento tan pronto como él comience a estar en peligro de
muerte por enfermedad o vejez. Los fieles que reciben este sacramento pueden
recibirlo varias veces si su enfermedad empeora u otra enfermedad grave. los
aflige. La celebración de este sacramento debe, si es posible, ir precedida de
una confesión individual por parte de la persona enferma." Compendio del
Catecismo, # 316
¿Cómo se administra el sacramento de la Unción de
los enfermos?
-
Como todos los sacramentos, la Unción de los
enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria y tiene lugar en familia,
en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de
enfermos. Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial
de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración del
sacramento puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del
sacramento de la Eucaristía. En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, -la Eucaristía,- debería
ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el
"viático" para el "paso" a la vida eterna.
-
Palabra y sacramento forman un todo inseparable. La
Liturgia de la Palabra, precedida de un acto de penitencia, abre la celebración.
Las palabras de Cristo y el testimonio de los Apóstoles suscitan la fe del
enfermo y de la comunidad para pedir al Señor la fuerza de su Espíritu.
- A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece,
además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático. Recibida en
este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de
Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de
vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor: «El que come
mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día»
(Jn 6,54). Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la
Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al
Padre.
Nuevo Testamento y Unción de los
enfermos
«¡Sanad a los enfermos!» (Mt 10,8). La Iglesia ha
recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados
médicos y asistenciales que proporciona a los enfermos, como por la oración de
intercesión con la que los acompaña.
Santiago apóstol, en una carta que se recoge en las
Sagradas Escrituras escribe: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los
presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre
del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se
levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados» (St 5,14-15).
El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad
de cara a Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad y a Él, que es el Señor
de la vida y de la muerte, implora la curación. La enfermedad se convierte en
camino de conversión y el perdón de Dios inaugura la curación. Israel
experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y
al mal; y que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: «Yo, el
Señor, soy el que te sana» (Ex 15,26).
La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus
numerosas curaciones de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que
«Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 7,16) y de que el Reino de Dios está muy
cerca. Así, en los sacramentos, Cristo continúa "tocándonos" para
sanarnos. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar
los pecados. Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse
con ellos: «Estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25,36). Su amor de
predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos, de
suscitar una atención muy particular de los cristianos hacia todos los que
sufren en su cuerpo y en su alma. Este especial cuidado dio origen a
infatigables esfuerzos por aliviar a los que sufren.
Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un
sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces esta realidad nos configura con Él
y nos une a su pasión redentora. Cfr. Catecismo
de la Iglesia Católica, nn. 1502-1510
«Esta unción santa de los enfermos fue instituida
por Cristo nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y
propiamente dicho, insinuado por Marcos y recomendado a los fieles y promulgado
por Santiago, apóstol y hermano del Señor» (Concilio de Trento).
En la tradición litúrgica, tanto en Oriente como en
Occidente, se poseen desde la antigüedad testimonios de unciones de enfermos
practicadas con aceite bendecido. En el transcurso de los siglos, la Unción de
los enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a los que estaban a
punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de
"Extremaunción". A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de
orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía
a su salvación. Catecismo
de la Iglesia Católica, nn. 1511-1512
Los efectos del sacramento de la Unción de los
enfermos
La gracia primera
de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las
dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la
vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que
renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del
maligno, especialmente contra la tentación de desaliento y de angustia ante la
muerte. Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir
al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la
voluntad de Dios. Además, «si hubiera cometido pecados, le serán perdonados».
(St 5,15).
Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe
la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo. El
sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser
participación en la obra salvífica de Jesús.
Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose
libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de
Dios. Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, por la comunión de los
santos, intercede por el bien del enfermo. Y este, a su vez, por la gracia del
sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los
hombres por los que la Iglesia sufre, ofreciéndose, por Cristo, a Dios Padre.
La Unción de los enfermos acaba de conformarnos con
la muerte y resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo.
Es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana; la
del Bautismo había sellado en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos
había fortalecido para el combate de esta vida. Esta última unción ofrece al
término de nuestra vida terrena un escudo para defenderse en los últimos
combates antes entrar en la Casa del Padre.
En resumen, la gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos
tiene como efectos:
— la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda
la Iglesia;
— el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los
sufrimientos de la enfermedad o de la vejez;
— el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el
sacramento de la penitencia;
— el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud
espiritual;
— la preparación para el paso a la vida eterna.
Cfr. Catecismo
de la Iglesia Católica, nn. 1520-1523; 1532
¿Cuáles son los efectos de este sacramento?
El sacramento de la Unción confiere una gracia particular, que une más íntimamente al enfermo a la Pasión de Cristo, por su bien y por el de toda la Iglesia,
otorgándole fortaleza, paz, ánimo y también el perdón de los pecados, si
el enfermo no ha podido confesarse.
La Unción: efectos, necesidad y frutos Se recibe una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las
dificultades.
Efectos
A.
La Unción de los Enfermos es una
preparación para el paso de esta vida a la gloria eterna y son muchos los
efectos y gracias que confiere al enfermo para prepararse para la entrada a la
vida eterna.
B.
El enfermo que confía en sus propias
fuerzas, podría desesperarse, pero Cristo viene a él para reconfortarlo en
estos momentos. Este sacramento es un sacramento de “vivos”, por lo tanto,
incrementa la gracia santificante en el enfermo.
C.
Se recibe la gracia sacramental
propia de la Unción de los Enfermos, que es una gracia de consuelo, de paz y de
ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de
la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que nos lleva a renovar la
confianza y la fe en Dios y fortalece al alma para que sea capaz de vencer las tentaciones
de desaliento, y de angustia, especialmente. (Catec. n. 1520).
D.
Por la gracia sacramental, es posible
que el enfermo obtenga la curación, si es conveniente, la salud corporal. La
asistencia del Espíritu Santo tiene como objeto conducir al enfermo hacia la
curación del alma, pero si es la voluntad de Dios, también puede recuperar la
salud. (Cfr. Catec. n. 1520). Por ello es conveniente no esperar hasta el
último momento para la administración de este sacramento, los sacramentos no tienen
como fin hacer milagros, al dejar hasta el final este sacramento, se podría
estar poniendo obstáculos para su eficacia.
E.
La unción de los enfermos puede
obtenernos el perdón de los pecados veniales y la remisión de las penas del
purgatorio, pues son obstáculos que impiden la entrada al cielo. Este efecto
depende de la debida disposición que tenga el sujeto que lo recibe, se necesita
un verdadero dolor de corazón, en otras palabras, estar totalmente
arrepentidos. Normalmente, este sacramento va acompañado de indulgencia
plenaria, la cual perdona la pena temporal.
F.
Hemos mencionado que este sacramento
es de “vivos”, es decir, se debe de recibir en estado de gracia, sin pecados
mortales. No fue instituido para perdonar los pecados graves, para esto está el
Sacramento de la Reconciliación. Pero, en caso de que la persona no se pueda
confesar y esté completamente
arrepentida, la unción perdona los pecados mortales. Esto fue declarado en el
Concilio de Trento, además de estar insinuado en el texto de Santiago ya
mencionado.
G.
Si posteriormente, la imposibilidad
de confesarse se resuelve, el enfermo tiene la obligación de acudir a la
Reconciliación.
Necesidad
Este sacramento no es absolutamente necesario para la salvación, pero a nadie
le es lícito desdeñarlo, por lo tanto se debe de procurar que los enfermos lo
reciban lo antes posible en caso de una enfermedad grave o crónica, o en la
ancianidad. Sobre todo se debe de recibir cuando se está en plena facultades
mentales.
El cristiano está obligado a prepararse lo mejor posible para la muerte, por lo
que las personas allegadas a él tienen el deber – grave – de procurar que lo
reciba, ya sea presentándole la conveniencia de hacerlo, ya sea mencionándole
que se encuentra en una situación de alto riesgo. Pero, siempre siendo
prudentes, utilizando el sentido común y la caridad. Muchas veces no se hace
por el temor de asustar al enfermo, siendo que en la mayoría de las veces, lo
que se tiene es una visión equivocada de la muerte en el sentido cristiano. Normalmente
el enfermo acoge la sugerencia con serenidad, sobre todo si se le explica que
es por su bien.
La Iglesia, además, ofrece junto a este sacramento, la Eucaristía como
viático, “a aquellos que están a punto de salir de esta vida”. La
Eucaristía es el paso de la muerte a la vida. (Cfr. Catec. n. 1524). Recordemos
las palabras de Jesús: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”. (Jn. 6, 54)
La Unción de los Enfermos puede recibirse más de una vez, pues no
imprime carácter. Antiguamente solamente se administraba una vez en la vida,
pero actualmente se puede recibir varias veces. Si se ha administrado durante
una enfermedad grave y se recobra la salud, al presentarse otra enfermedad
grave, se puede volver a recibir o en el caso de una enfermedad que se agrave
el enfermo, se puede recibir nuevamente, o cuando es una enfermedad crónica, en
la cual se necesita fortaleza para sobrellevarla, o en la vejez.
Frutos
Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de
unirse de manera más íntima a la pasión de Cristo. El sufrimiento, fruto del
pecado original, obtiene un nuevo sentido, y se participa con él en la obra
salvífica de Jesús.
Al unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo, por medio de este
sacramento, los enfermos contribuyen al bien del Pueblo de Dios. Al celebrar la
Unción de los Enfermos, la Iglesia, por la comunión de los santos, intercede
por el bien del enfermo. Y este, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye
a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la
Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios Padre.
La Unción de los Enfermos es un escudo para defendernos ante las últimas luchas
en nuestra vida y así entrar a la Casa del Padre. Nos prepara para dar el paso
a la vida eterna.
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