Espíritu Santo: Su Obra
V
En este sencillo resumen nos proponemos reflexionar la importancia de conocer al Espíritu Santo. Muchas veces no somos conscientes de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y olvidamos las enseñanzas recibidas acerca de su persona. Hoy nos proponemos reflexionar sobre la obra del Espíritu Santo y nuestra relación de amor con nuestro Dios.
Nos preguntamos ¿Cuál es el lugar que ocupa el
Espíritu Santo en nuestras vidas? ¿Qué lugar le damos a la tercera persona de
la Santísima Trinidad? "Dios es
Amor" nos dice el Evangelio según San Juan (Jn 4,8-16) y el Amor que
es el primer don, contiene todos los demás. Pero ¿somos receptores de ese amor
divino?
Este amor, "Dios lo ha
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido
dado". (Rom 5, 5).
Pero ¿Cuál es la obra del
Espíritu Santo? ¿Por qué decimos que es el don de Dios?
Veamos algunas
cuestiones
a)
El Espíritu
Santo, el don de Dios
Primer
efecto del don del amor: Muchas veces hemos
sido muertos o heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la
remisión de nuestros pecados.
Comunión:
La Comunión con el Espíritu Santo, "La gracia
del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu
Santo sean con todos vosotros." (2 Co
13, 13); es la que, en la Iglesia, vuelve a
dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado. Por el Espíritu
Santo nosotros podemos decir que "Jesús es el Señor ", es decir para
entrar en contacto con Cristo es necesario haber sido atraído por el Espíritu
Santo.
Bautismo:
Mediante el Bautismo se nos da la gracia del nuevo
nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los
que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Hijo; pero el Hijo
los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad.
Por tanto, sin
el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede
acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el
conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo.
b)
La obra del
Espíritu Santo
1) El Espíritu
Santo nos convence de pecado.
“Y
cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”
(Jn 16, 8)
En primer lugar, es el Espíritu Santo quien nos hace reconocer que somos
pecadores necesitados de salvación para que podamos arrepentirnos, para que
podemos depositar nuestra fe en Cristo y recibir sí su perdón.
En segundo lugar, incluso, después de ser salvos, nos hace reconocer
cuando actuamos de manera incorrecta, al recordarnos que el pecado no debe ser
parte de nuestra vida, pues ahora seguimos a Jesucristo.
2) Vida de fe.
El Espíritu
Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos
inicia en la vida nueva.
Él es quien
nos precede y despierta en nosotros la fe.
Sin embargo,
es el "último" en la revelación de las personas de la Santísima
Trinidad.
3)
El Paráclito.
Palabra del
griego "parakletos", que literalmente significa "aquel que es invocado", es
por tanto el abogado, nuestro abogado, el mediador, el defensor, el consolador.
Jesús nos
presenta al Espíritu Santo diciendo:
"El Padre os dará otro Paráclito"
(Jn
14, 16)
4)
El abogado
defensor
El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son
culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, nos defiende
del peligro de perder la vida y la salvación eterna.
Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado
"otro paráclito" porque continúa haciendo operante la redención con
la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna.
5)
Nos sella para
salvación.
“En
él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de
vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu
Santo de la promesa”
(Ef
1, 13)
En esa época el sello era usado para autentificar,
demostrar posesión y protección. El Espíritu Santo nos sella en Cristo como
hijos de Dios, pues ahora vivimos bajo su divina protección. Es un sello que
nadie puede romper, ni Dios, ni el diablo, ni nosotros mismos. Sin embargo, eso
no significa que podemos pecar sin sufrir consecuencias. Dios nos muestra lo
que está mal y también nos disciplina.
6)
El Espíritu
Santo mora en nosotros.
“Y
si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el
que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros”
(Ro
8, 11)
eEl Espíritu Santo es un regalo eterno que ha
enviado a nuestra vida. Y vivimos bajo su dirección, mientras nos capacita para
que hagamos lo que nos pide.
7)
El Espíritu
Santo nos enseña.
“Más
el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas”
(Jn
14, 26)
Puesto que es Dios, su Espíritu es un maestro que
supera a todos los demás. Nos guía al leer la Palabra de Dios y nos ayuda a
interpretarla adecuadamente. La Biblia es un maravilloso regalo que Dios nos ha
dado, y si somos fieles al leerla y le pedimos a su Espíritu que nos enseñe,
nos ayudará a entenderla.
8)
Nos revela su
verdad.
“Y
nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene
de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”
(1
Co 2, 12)
Se nos promete un conocimiento divino que va más
allá de nosotros y del universo, y que solo puede ser hallado en la Palabra de
Dios. Puede que no entendamos de manera inmediata lo que significa el pasaje
que hemos leído, o cómo podremos aplicarlo; pero, si perseveramos en buscar y
escudriñar la Palabra de Dios, el Espíritu nos ayudará a entender. No obstante,
si dejamos de leer la Biblia, nos faltará la sabiduría que solo proviene de Dios.
a.
Espíritu de la Verdad: Jesús
afirma de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida"
(Jn 14,6). Y al prometer al Espíritu Santo en aquel "discurso de
despedida" con sus apóstoles en la Última Cena, dice que será quien
después de su partida, mantendrá entre los discípulos la misma verdad que Él ha
anunciado y revelado.
b.
El Paráclito, es la verdad,
como lo es Cristo. Los campos de acción en que actúa el Espíritu Santo, son el
espíritu humano y la historia del mundo. La distinción entre la verdad y el
error es el primer momento de dicha actuación.
c.
Permanecer y obrar en la
verdad es el problema esencial para los Apóstoles y para los discípulos de
Cristo, desde los primeros años de la Iglesia hasta el final de los tiempos, y
es el Espíritu Santo quien hace posible que la verdad a cerca de Dios, del
hombre y de su destino, llegue hasta nuestros días sin alteraciones.
9)
Nos guía.
“Pero
cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad”
(Jn
16, 13)
Nuestro Ayudador divino es también quien nos guía.
Nos ayuda a discernir lo verdadero y a tomar decisiones correctas. En vez de
buscar los consejos de otras personas, lo primero que debemos hacer es pedirle
al Espíritu Santo que nos dirija. Produce fruto en nosotros.
“Más
el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza”
(Ga
5, 22-23)
A menudo, estas
cualidades se producen en nosotros por medio de circunstancias que podrían
hacernos reaccionar de manera diferente. Por ejemplo, si nos resulta difícil
amar a una persona, el Espíritu Santo puede cambiar nuestra actitud si se lo
pedimos y si deseamos caminar en obediencia a Él.
10) Nos
recuerda.
“Más
el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”
(Jn
14, 26)
Aunque los
discípulos ya habían estado con Cristo y escuchado sus enseñanzas durante tres
años, solo disponían de lo que recordaban después de que Él había partido. Para
enseñar a otros acerca de Cristo necesitaban que el Espíritu Santo les ayudara
a recordar. Incluso en nuestro tiempo, necesitamos que nos recuerde los pasajes
bíblicos que necesitamos para cada situación. Si leemos la Biblia fielmente, el
Espíritu Santo nos ayudará a recordar lo que dice.
11) Nos
faculta con dones espirituales.
“Ahora
bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo”
(1
Co 12, 4)
Su Espíritu nos da dones espirituales para que podamos
servirnos los unos a los otros de la manera que Él desea.
12) Nos
da poder.
“Pero
recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me
seréis testigos”
(Hch
1, 8)
Su poder nos permite completar la misión que nos ha
dado y nos capacita en cada aspecto de la vida.
13) Nos
llena.
“Sed
llenos del Espíritu”
(Ef
5, 18)
Esta es una vida gobernada y guiada por el Espíritu
Santo, pues su presencia mora en nosotros. Ningún creyente tiene una excusa
legítima para no obedecer a Dios, pues su Espíritu nos ha capacitado para
cumplir con su voluntad y mandamientos.

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