domingo, 9 de febrero de 2025

Espíritu Santo: curso introductorio

 

IV

El tiempo de la Iglesia: es el tiempo del Espíritu Santo.

 

Nace como fruto del Bautismo en el Espíritu la Iglesia, esa comunidad de creyentes en Jesús.

 

La venida del Espíritu Santo inauguró una nueva era en la vida de la humanidad. La era del Poder de Dios en medio de los hombres, la era de la Gracia y la era de los adoradores en Espíritu y en Verdad.

 

 

La vida de comunión, armonía, paz y amor que reinaba entre los apóstoles era de tal manera nueva y atractiva que invitaba a todos a vivirla también.  En el amor que se profesaban era expresión de esa gracia divina. “MIRAD COMO SE AMAN” decían los paganos cuando veían a los cristianos llenos del amor del Espíritu Santo. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común.

 

Todos estaban unánimemente juntos, reunidos, compartiendo el mismo amor por Dios y el mismo corazón, la misma confianza en Su promesa y obedeciendo al permanecer juntos en la misma ciudad, tal como Jesús les pidió.

 

“No había entre ellos ningún necesitado, porque nadie llamaba suyos a los bienes materiales, sino que los ponía al servicio de los hermanos. Los bienes de este mundo se compartían y distribuían de una manera cristiana, es decir sirviendo a los más necesitados”.

(Hechos 2, 44)

La misión:

La misión de aquellas primitivas comunidades cristianas era llevar el Evangelio y expandir el Reino.  Para poder realizar esa misión, Dios Padre hizo una promesa y dijo que Cristo la enviaría sobre ellos, es decir, Jesús nos daría una investidura de lo alto por la Promesa del Padre. Y como ya lo hemos mencionado, Jesús les pidió a sus discípulos que no se movieran de Jerusalén y luego ir por todo el mundo a anunciar el Evangelio.

 

La vida de las primeras comunidades cristianas:

 

Las primeras comunidades cristianas glorificaban a Dios: Desde ese momento comenzaron a dar gracias a Dios siempre y por todo. Si los metían a la cárcel cantaban salmos. Si los azotaban y perseguían deban gracias a Dios. Si pasaban hambre alababan al Señor. Siempre estaban llenos del gozo del Espíritu Santo, aun en medio de enfermedades y tribulaciones. La gracia del Señor les bastaba. Todo lo consideraban basura en comparación del conocimiento y el amor del Señor Jesús.

 

La perseverancia de los primeros cristianos después de Pentecostés:

Perseveraban en la doctrina de los apóstoles: ellos dependían de los apóstoles para que les comunicara quien era Jesús y lo que Él había hecho. Los primeros cristianos confiaban y querían saber más de Jesús. No había desviación de la doctrina de los apóstoles.

 

Perseveraban en la comunión unos con los otros: La vida del cristiano debe ser llena de comunión, compartir con el otro, compartimos al mismo Señor, la misma guía, el mismo amor a Dios, el mismo deseo de alabarlo y de adorarlo etc.

Perseveraban en el partimiento del pan: Nunca olvidaron lo que Jesús les enseñó, nunca olvidaron lo que Jesús hizo por nuestra salvación en la Cruz.

Perseveraban en las oraciones: El pueblo de Dios se reúne para orar y alabar.

Todos los que habían creído estaban juntos, todas las cosas las tenían en común y repartían todo según la necesidad de cada uno. Las familias cristianas compartían todo. Si bien las costumbres judías indicaban que debían ser hospitalarios durante cualquier día festivo en el tiempo de Pentecostés, y los visitantes que llegaban a Jerusalén eran recibidos en las casas particulares y nadie podía cobrar por dar alojamiento, o por proveer para sus necesidades básicas, los cristianos tomaron esta hospitalidad y la hicieron una cosa de todos los días.

Ellos vendían sus propiedades y sus bienes y los repartían según la necesidad de cada uno:

Vemos la confianza de los primeros cristianos en el Poder de Dios. Vemos que para ellos Jesús es mucho más importante que sus posesiones materiales.

En Pentecostés, vemos el cumplimiento de la Promesa hecha por Dios a los hombres, no es otra cosa que Jesús glorificado, lleno de Espíritu Santo, que da su Espíritu a los que creen en Él.

Dios es un Dios de lo imposible y hace lo que quiere, ha decidido salvar a un mundo perdido en sus pecados. Es el Espíritu Santo la Promesa del Padre.

Durante cuarenta días después de su Crucifixión, Jesús se les aparece a sus discípulos y les habló del Reino de Dios y de la tarea a realizar, una tarea misional que Él inició y que todos los cristianos recibimos.

Aquellos discípulos no eran ajenos a la Persona y obra del Espíritu Santo, ya que vieron al Espíritu Santo continuamente trabajar en el ministerio de Jesús. Además, los discípulos oyeron a Jesús prometer una nueva obra venidera del Espíritu Santo (Juan 14, 15-18). Tuvieron que esperar hasta que llegó Pentecostés y durante este tiempo de espera Dios puso a prueba la paciencia de estos hombres, puso a prueba la bondad y la compasión y durante todo este tiempo permanecieron juntos.

El regalo que Dios nos ha prometido es el regalo del Espíritu Santo. Vale la pena esperar por este regalo. Este regalo viene según su Voluntad y muchas veces no como nosotros lo esperamos.

El arrepentimiento y el bautismo era muy importante según nos relata este mismo texto en los versículos 38-40. Arrepentirse en nombre de Jesucristo par el perdón de los pecados, así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque para todos es la promesa.

Debemos hacer algo para ser salvos. Dios podía salvar a las personas que tenían arrepentimiento. Lo primero que responde San Pedro a la multitud, el día de su discurso es que debían hacer algo: arrepentirse, cambiar de mentalidad, debían cambiar su manera de pensar, tomando a Jesús como Señor y Mesías. En este sentido la palabra “arrepentimiento” es una palabra de gran esperanza, pues ella nos dice que no tenemos que continuar tal como antes, y que podemos volver hacia Dios.

La promesa es para todos. Los primitivos habitantes vieron la obra gloriosa del Espíritu Santo entre los discípulos

 

Todos aquellos que nos consideramos discípulos de Jesús, recibimos esta promesa y esta misión. Hay una tarea asignada que le da sentido a nuestra vida en esta tierra.

 

Hoy también debemos sumarnos a esa misión.

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