miércoles, 5 de febrero de 2025

Espíritu Santo: curso introductorio

 

III

 El Espíritu Santo: Promesa del Padre

Lucas 24, 49

 

Lucas 24, 49

“Yo voy a enviar sobre ustedes la Promesa de mi Padre.

Permanezcan en Jerusalén hasta que sean revestidos de la fuerza de lo alto”

 

El Padre promete enviar su Espíritu para renovar la Alianza y acompañar en todo momento a su pueblo, para ayudarlos a conducirse según sus mandatos y preceptos.

 

Una vida sin el Espíritu Santo carece de guía, de señal conductora, por eso es tan importante meditar la Palabra para llenarnos del Espíritu.

 

El Espíritu Santo es, la Promesa del Padre, y así lo anunciaron los profetas. Vemos que la promesa de ser investidos es una dignidad y es una honra, por lo tanto, debemos considerarnos embajadores del Reino de los cielos, representamos a ese Reino y es un alto cargo, un gran honor. Para ello necesitamos considerar tres cuestiones importantes: la espera, la misión, y la obediencia.

 

Breve explicación de Lucas 24, 49:

 

Los apóstoles eran temerosos, temblaban, sin embargo, a estos hombres temerosos Dios los llamó para extender su Reino.

La misión es algo necesario en el Plan de Dios, es algo que no puede no ser, y se opone a lo imposible y a lo contingente. Hoy en día vemos que, aunque nuestras Iglesias estén llenas de personas débiles, limitadas como todos nosotros, la misión sigue su curso.

 

Era imposible que los apóstoles realizaran por sí mismos el trabajo que Jesús les había encomendado a menos que fueran investidos de poder desde lo alto, y ese poder solo vendría cuando el Espíritu Santo fuera derramado sobre ellos.

 

a)    La promesa de Dios

 

En este versículo, Jesús nos habla de que la promesa de Dios Padre, es el Espíritu Santo.

 

El Espíritu Santo es una parte importante de la vida cristiana, ya que nos da el poder y la sabiduría para vivir como Dios quiere que vivamos.

 

Este es el mismo Espíritu que descendió sobre los discípulos en el día de Pentecostés y les dio el poder para predicar el evangelio a todas las naciones.

Las promesas de Dios se reciben en oración.

 

b)    La investidura del poder

 

Jesús nos habla en este versículo de la investidura del Poder desde lo Alto.

 

Esta investidura es el poder del Espíritu Santo que nos da la capacidad de vivir nuestras vidas de acuerdo a los estándares de Dios.

 

El Señor enviaría a los hombres a proclamar su testimonio al mundo entero el mensaje en el que se exponía que Él murió y resucitó de los muertos y que, si confiamos en Él, todos los pecadores podrían salvarse. Este mensaje de salvación, debía ser predicado, pero para poder predicar esta verdad al mundo, se necesitaba el Poder del Espíritu Santo.

 

En este versículo se expresa el encargo a los apóstoles, pues ellos son testigos, los apóstoles son testigos de aquello en que se han cumplido: ellos habían estado con Jesús, desde su Bautismo en el Jordán hasta su ascensión al cielo, ellos fueron testigos de la muerte y de la resurrección de Jesús, testigos de su encargo misionero y de la predicación de la salvación extendida al mundo entero.

 

Los apóstoles tenían que sumarse a la misión encomendada por Nuestro Señor, pero para ello, tenían que adquirir esa investidura de Poder que viene de lo alto, y esta investidura se les daría cuando la enviaría la Promesa del Padre y para ello los discípulos debían esperar y quedarse en Jerusalén hasta que recibieran el Espíritu Santo.

Los apóstoles aportan aquello que se les exige a los testigos. Cristo por su parte ofrece a los apóstoles el apoyo del Espíritu Santo para su mensaje salvífico.

 

c)     La espera

 

A veces, la vida nos empuja a actuar rápidamente, pero el tiempo de espera que Jesús nos invita a vivir es un acto de confianza que fortalece nuestra fe.

 

El Espíritu Santo es el guía y la fuerza que necesitamos para superar las tentaciones y vivir vidas santas y justas.

 

Este versículo también nos indica la importancia de saber esperar. Se les pide a los apóstoles que esperen en la ciudad de Jerusalén. Jesús les dice a sus discípulos que esperen en la ciudad de Jerusalén antes de ser investidos con el poder desde lo alto. Esto nos muestra la importancia de esperar en Dios y en su tiempo.

 

Muchas veces nosotros queremos actuar rápidamente y tomar el control de nuestras vidas, pero lo que Jesús nos enseña es la importancia de esperar en Dios y confiar en su plan para nuestras vidas.

 

Lucas 24:49 es un versículo poderoso que nos recuerda la importancia de esperar en Dios y en su plan para nuestras vidas.

Cuando confiamos en Dios, Él nos dará el poder y la sabiduría que necesitamos para vivir como él quiere que vivamos.

 

Los apóstoles tuvieron que esperar y durante aquellos momentos de pausa en Jerusalén, estaban preparando sus corazones y sus mentes para recibir el poder transformador del Espíritu Santo. 

Los apóstoles tienen que esperar al Espíritu Santo; tienen que establecerse en la ciudad y permanecer en ella; en estas palabras se da quizá a entender también: permanecer reflexionando y meditando. Tienen que esperar en Jerusalén, ciudad centro de la obra histórica lucana,

 

La ciudad es Jerusalén; es el centro de la obra histórica lucana, es la ciudad de la muerte de Jesús, la ciudad del Resucitado, la ciudad de la venida del Espíritu Santo, la ciudad contra la que se cumple el juicio de Dios porque no ha reconocido sus misericordiosas visitas. Es en esta ciudad de Jerusalén dónde los apóstoles serán revestidos de la fuerza de lo alto: la fuerza de lo alto es el Espíritu Santo.  

Los discípulos debían quedarse en Jerusalén hasta que recibieran el Espíritu Santo. Con esto Jesús les dice que no deben de proceder por su cuenta, pues para ser fieles testigos de Jesús necesitan la guía y el poder del Espíritu Santo.

 

 

Los apóstoles entonces, son revestidos de esta fuerza, y tuvieron fuerza de lo alto. Luego vemos cómo aparecen los milagros, no por la propia fuerza de cada apóstol sino en virtud y en nombre de Jesucristo. Ellos entonces, fueron a predicar por todas partes, cooperando con el Señor y cumpliendo su mandato y confirmado su palabra con las señales que hacían en nombre de Jesús.

También nosotros en nuestro diario caminar en este mundo, debemos aprender a esperar por más difícil que pueda resultarnos, pero es en esas esperas donde Dios comienza a obrar en nosotros, dándonos la preparación necesaria para los grandes propósitos que tiene.  

 

Muchas veces, más de las que podemos contar, nos encontramos en situaciones inexplicables, y en estas situaciones es fácil olvidarnos de las promesas de Jesús y de que Jesús siempre cumple lo que promete.

 

Por lo tanto, no temamos en esperar, pues en la espera encontraremos la fortaleza que solo Él puede darnos.


 

¿Cómo podemos aplicar Lucas 24, 49 en nuestra vida?

Si nos tomamos el tiempo para esperar en Dios y confiar en su plan, Él nos dará el poder y la sabiduría para vivir como Él quiere que vivamos.

Es importante recordar que el Espíritu Santo es una parte importante de nuestras vidas cristianas y nos da el poder que necesitamos para superar las tentaciones y vivir vidas santas y justas.

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