sábado, 15 de febrero de 2025

Alabanza: definiciones y características generales

 

Alabanza



 

Algunas definiciones y características

 

Una de las formas de oración es la oración de alabanza.

Pero, ¿Qué entendemos por alabanza?

 

Vemos algunas características generales de la alabanza:

 

1.      La alabanza es una expresión de gozo y alegría por los beneficios recibido.

 

2.      La oración de alabanza solo se hace a Dios.

 

 

3.      La oración de alabanza tiene un matiz diferente a la oración de acción de gracias: dar gracias se puede dar a las personas, pero la alabanza solo se hace a Dios.

 

4.      La alabanza reconoce la grandeza de Dios en sí misma y la ensalza.

 

 

5.      Es una oración que tiene como centro a Dios, que es digno de todo honor y toda alabanza. Por ejemplo, vemos en el Salmo 48, 2: “Grande en Yahvé, y muy laudable en la ciudad de Dios, Su monte santo,”

 

6.      La alabanza provoca que nos olvidemos de nosotros mismos, de todos nuestros intereses y así la alabanza nos permite enfocarnos en Dios, de tal modo que existe una comunión íntima con Él de tal manera que así lo alabamos con todo nuestro ser, manifestando así lo agradecido que estamos, y manifestamos la admiración por su misericordia y su bondad.

 

7.      Las alabanzas son expresiones que se pueden dar de formas diferentes, por ejemplo: canto, baile, e incluso el pensamiento.

 

8.      Cuando se ora en alabanza, se habla de tener una profunda fe en Dios y la firme creencia de que Él está presente en todo lo que acontece en el mundo, tanto los acontecimientos buenos como los malos.

 

9.      Encontramos en el antiguo testamento la palabra alabanza (en hebreo halel), aproximadamente en 160 ocasiones. Un gran ejemplo de lo que son las alabanzas están descritos en el libro de los Salmos.

 

10.  A veces no nos sale fluida la alabanza. No sabemos qué palabras decir a Dios. Solo sentimos un deseo inmenso de expresarle lo grande que es y especialmente lo bueno y misericordioso que ha sido con nosotros. 

 

11.  Para poder alabar es importante pedirle asistencia al Espíritu Santo. Él es el que poseyendo nuestra alma la eleva en alabanza. Nosotros no sabemos y no podemos alabar con nuestras propias palabras. Necesitamos que el Espíritu Santo en nosotros alabe al Padre.

 

12.  Según la Biblia, alabar a Dios es reconocer sus virtudes, quedarnos impactados por ellas y alabarle por ellas.

 

Alabanzas: algunas definiciones

 

Según su origen etimológico, la palabra "alabanza" viene del latín "laus", que significa " elogio".

 

Alabar, es, por consiguiente, la acción de reconocer las cualidades y méritos de una persona.

 

En este caso, hay que exponer que deriva del latín, que significa “cualidad de la persona que da elogios” y que es fruto de la suma de dos partes diferenciadas:

 

El verbo “alapari”, que puede traducirse como “jactarse” o “elogiar”

 

El sufijo “-anza”, que viene a indicar “cualidad”.

 

Se denomina alabanza al acto de alabar. Este verbo, por su parte, alude a glorificar, enaltecer o realizar una celebración mediante palabras.

 

Una alabanza, por lo tanto, puede ser una frase, un canto o un discurso con los cuales se alaba.

 

Podemos decir entonces que la alabanza es la demostración verbal y física de nuestra admiración, amor y afecto hacia Dios. 

 

Alabar es una expresión de nuestra adoración. Por otro lado, adoración es 'el acto de tributar reverencia y homenaje, 'gustar de algo extremadamente', 'respetar, dar honor, amor y obediencia'.

 

 

¿Qué nos dice el Catecismo de la Iglesia católica?

 

2639 La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rm 8, 16), da testimonio del Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos al Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel que es su fuente y su término: “un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y por el cual somos nosotros” (1 Co 8, 6).

 

2640 San Lucas menciona con frecuencia en su Evangelio la admiración y la alabanza ante las maravillas de Cristo, y las subraya también respecto a las acciones del Espíritu Santo que son los Hechos de los Apóstoles: la comunidad de Jerusalén (cf Hch 2, 47), el tullido curado por Pedro y Juan (cf Hch 3, 9), la muchedumbre que glorificaba a Dios por ello (cf Hch 4, 21), y los gentiles de Pisidia que “se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor” (Hch 13, 48).

 

2641 “Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor” (Ef 5, 19; Col 3, 16). Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo: su encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su resurrección y su ascensión a su derecha (cf Flp 2, 6-11; Col 1, 15-20; Ef 5, 14; 1 Tm 3, 16; 6, 15-16; 2 Tm 2, 11-13). De esta “maravilla” de toda la Economía de la salvación brota la doxología, la alabanza a Dios (cf Ef 1, 3-14; Rm 16, 25-27; Ef 3, 20-21; Judas 24-25).

 

2642 La revelación “de lo que ha de suceder pronto” —el Apocalipsis— está sostenida por los cánticos de la liturgia celestial (cf Ap 4, 8-11; 5, 9-14; 7, 10-12) y también por la intercesión de los “testigos” (mártires) (Ap 6, 10). Los profetas y los santos, todos los que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de Jesús (cf Ap 18, 24), la muchedumbre inmensa de los que, venidos de la gran tribulación nos han precedido en el Reino, cantan la alabanza de gloria de Aquel que se sienta en el trono y del Cordero (cf Ap 19, 1-8). En comunión con ellos, la Iglesia terrestre canta también estos cánticos, en la fe y la prueba. La fe, en la petición y la intercesión, espera contra toda esperanza y da gracias al “Padre de las luces de quien desciende todo don excelente” (St 1, 17). La fe es así una pura alabanza.

 

2643 La Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración: es la “ofrenda pura” de todo el Cuerpo de Cristo a la gloria de su Nombre (cf Ml 1, 11); es, según las tradiciones de Oriente y de Occidente, “el sacrificio de alabanza”.

 

2649 La oración de alabanza, totalmente desinteresada, se dirige a Dios; canta para Él y le da gloria no sólo por lo que ha hecho sino porque ÉL ES.

 

 

La alabanza consiste en expresar de forma jubilosa el amor a Dios.

 

Para nosotros los cristianos, la oración de alabanza es esencial, porque es a través de ella que reconocemos la grandeza, y la infinita bondad de Dios. "Porque todo viene de él, ha sido por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén." (Romanos 11:36).

 

 

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