Nos proponemos ira conociendo los distintos tipos de oración.
En la búsqueda de modos de orar muchas veces confundimos los tipos de oración
que los creyentes realizamos. Muchas veces confundimos lo que es una oración de
alabanza con las oraciones de acción de gracias o con la adoración. Pero cada
una de ellas tiene sus particularidades.
Si bien la alabanza, es una oración similar a la bendición y a la dación
de gracias, es una oración distinta.
Alabanza según el Catecismo de la Iglesia Católica:
Según el Catecismo de la Iglesia católica, la alabanza es una oración
“que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le
da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es” (2639).
Vemos brevemente alguna de las puntuaciones del catecismo:
2639 La alabanza es la forma de orar que
reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le
da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es. Participa en la
bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en
la gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar
testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rm 8, 16), da
testimonio del Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos al
Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel
que es su fuente y su término: “un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas
las cosas y por el cual somos nosotros” (1 Co 8, 6).
2640 San Lucas menciona con frecuencia en su
Evangelio la admiración y la alabanza ante las maravillas de Cristo, y las
subraya también respecto a las acciones del Espíritu Santo que son los Hechos
de los Apóstoles: la comunidad de Jerusalén (cf Hch 2, 47), el
tullido curado por Pedro y Juan (cf Hch 3, 9), la muchedumbre que
glorificaba a Dios por ello (cf Hch 4, 21), y los gentiles de
Pisidia que “se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor” (Hch 13,
48).
2641 “Recitad entre vosotros salmos, himnos y
cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor” (Ef 5,
19; Col 3, 16). Como los autores inspirados del Nuevo
Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos
cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen
también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha
realizado en su Hijo: su encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su
resurrección y su ascensión a su derecha (cf Flp 2,
6-11; Col 1, 15-20; Ef 5, 14; 1 Tm 3,
16; 6, 15-16; 2 Tm 2, 11-13). De esta “maravilla” de toda la
Economía de la salvación brota la doxología, la alabanza a Dios (cf Ef 1,
3-14; Rm 16, 25-27; Ef 3, 20-21; Judas 24-25).
2642 La revelación “de lo que ha de suceder
pronto” —el Apocalipsis— está sostenida por los cánticos de la liturgia
celestial (cf Ap 4, 8-11; 5, 9-14; 7, 10-12) y también por la
intercesión de los “testigos” (mártires) (Ap 6, 10). Los profetas y
los santos, todos los que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de
Jesús (cf Ap 18, 24), la muchedumbre inmensa de los que,
venidos de la gran tribulación nos han precedido en el Reino, cantan la
alabanza de gloria de Aquel que se sienta en el trono y del Cordero (cf Ap 19,
1-8). En comunión con ellos, la Iglesia terrestre canta también estos cánticos,
en la fe y la prueba. La fe, en la petición y la intercesión, espera contra
toda esperanza y da gracias al “Padre de las luces de quien desciende todo don
excelente” (St 1, 17). La fe es así una pura alabanza.
Es importante reconocer lo que el Catecismo nos explica “Como los
autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos
cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, estas primeras
comunidades componen también himnos y cánticos a partir de la novedad que Dios
ha realizado en su Hijo”.
Generalidades:
1. La oración de alabanza
ensalza a Dios: La oración de alabanza es una oración en la
que simplemente se ensalza a Dios por ser Dios, no por favores o gracias
recibidos de Él. Vemos que frecuentemente la celebración de la Eucaristía es llamada a menudo “el sacrificio de
alabanza”.
2. Es un acto de gratitud: También decimos que la alabanza es un acto de gratitud, en
este caso desde el ser humano para Dios, por todo lo que Dios hace y ha hecho
en la vida del ser humano, o para la vida del mismo (como: milagros, proezas,
gloria, entre otros beneficios o hechos), todo esto en la perspectiva de que Él
es digno de ella.
3. Dios, objeto de la oración: En la alabanza no nos buscamos a nosotros mismos, pues el objeto de la
oración no somos nosotros, sino solo Dios. Es un gesto de donación y de
ofrecimiento a Él, que merece toda alabanza.
4. Reconocemos los atributos de Dios: En la oración de alabanza nosotros reconocemos los atributos de Dios y
nos alegramos por ellos. “A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas
incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que
actúa en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las
generaciones y todos los tiempos. Amén.” Ef. 3, 20-21. Nos alegramos y llenamos
de gozo porque Él es nuestro Dios. Es un modo de decirle lo orgullosos que
estamos de Él. “Por tu inmensa gloria te alabamos”. Puedes decirle a Dios estas
palabras con el cariño de un hijo que ve a su padre como el mejor. No hay nadie
como tú, Dios nuestro, eres el más grande.
5. Dar gracias: También cuando la alegría nos llena el corazón por
alguna circunstancia en nuestra vida otro modo de orar es la alabanza ya que la
oración de alabanza tiene un matiz distinto de el de la acción de gracias.
Mientras que las gracias se puede dar a las personas, la alabanza solo se hace
a Dios.
6. Reconoce la grandeza de Dios: La alabanza es una oración que reconoce la grandeza de Dios en sí misma
y la ensalza.
7. Dios como centro de la alabanza: Es una oración que tiene como centro a Dios, que es digno de todo honor
y toda alabanza (cf. Sal 48, 2).
Muchas veces nuestra forma de alabar no nos parece la adecuada. A veces nuestra
oración de alabanza no nos sale fluida ni sabemos cómo o con qué palabras
expresarnos. No sabemos qué palabras decir a Dios. Solo sentimos un deseo
inmenso de expresarle lo grande que es y especialmente lo bueno y
misericordioso que ha sido con nosotros. Por eso es importante saber que
para poder alabar es importante pedirle asistencia al Espíritu Santo. Él es el
que poseyendo nuestra alma la eleva en alabanza. Nosotros no sabemos y no
podemos alabar con nuestras propias palabras. Necesitamos que
el Espíritu Santo en nosotros alabe al Padre. Ya en el Libro del Apocalipsis
tenemos algunas referencias de cómo alabar, en el mismo se nos habla de una
constante alabanza de toda la creación a Dios, que está sentado en el trono, y
al cordero (cf. Ap 5, 13). En el fondo, el apocalipsis pone como condición para
la alabanza el haber recibido el don del Espíritu, ya sea en el bautismo o a
través de la recepción de los sacramentos. Tal como nos la muestra la Escritura
no hay alabanza sin que el Espíritu alabe en nosotros. Por esta importante razón,
antes de alabar a Dios tenemos que invocar al Espíritu Santo para que, ungiendo
nuestra alma con su efusión, nos haga capaces de alabar a Dios. Si el Espíritu
alaba en nosotros, estamos seguros de que nuestra alabanza será agradable al
Padre.
Una de las formas de alabar a Dios es orar con los salmos. Hay muchos
salmos de alabanza, en siguientes artículos trataremos de ir conociendo cada
uno de ellos.
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