jueves, 30 de enero de 2025

El Espíritu Santo: curso introductorio



I

¿Cuántas veces confundimos la fe con un seguro contra todo problema? No siempre sucede que los cristianos por el hecho simple de creer en Dios se ven libres de toda dificultad de la vida. Muchos creen que el Señor es un seguro contra todo mal de este mundo. De hecho esto no suele ser así. ¿Quién de ustedes no ha sufrido pérdidas de seres queridos, decepciones, problemas de trabajo, dificultades económicas entre otros problemas y desafíos? Muchas veces ante estos problemas que se nos presenta podemos llegar a preguntarnos dónde está Dios o porque no responde a nuestras súplicas. No sabemos qué hacer, puede que nos sintamos solos y abrumados. Nos cuesta recordar qué, si hemos recibido a Cristo como Señor y Salvador, nunca estamos solos, pues nos ha prometido un Ayudador, un Consolador: el Espíritu Santo.

Cuando rezamos el Credo, decimos: “Creo en el Espíritu Santo”, pero no siempre somos conscientes de aquello que proclamamos verbalmente. Hay muchos cristianos que rezan el credo y repiten esta afirmación una y otra vez, pero no saben lo que es el Espíritu Santo. Les ocurre como aquellos hombres que encontró San Pablo en uno de sus viajes; otros habían llegado antes que ellos y los habían hecho cristianos; entonces San Pablo les preguntó si estaban bautizados y le dijeron que sí; luego les preguntó si cuando fueron bautizados recibieron el Espíritu Santo, y les contentaron que ni siquiera habían escuchado hablar de que existía un Espíritu Santo.

Pero, ¿qué podemos decir del Espíritu Santo?

A modo introductorio vemos algunas puntuaciones:

a.     El Espíritu Santo no es un ángel guardián ni una fuerza en el sentido impersonal de esta expresión, sino una Persona divina: la tercera persona de la Santísima Trinidad, Es la tercera persona de la Trinidad, compuesta por Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

b.     Decir “creo en el Espíritu Santo” es profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad; más precisamente, la tercera persona. Dios como el Padre y como el Hijo; que merece la misma adoración que el Padre y el Hijo; como el Padre y el Hijo es creador, hacedor de todas las cosas, santificador. Por eso cuando hacemos la señal de la cruz, nos santiguamos en el nombre de cada una de las tres personas de la Trinidad, y cuando rezamos el Gloria nombramos a cada una de las tres personas de la Santísima Trinidad.

c.      Generalmente los cristianos hablan más y conocen más sobre Dios Padre y sobre Dios Hijo que sobre Dios Espíritu Santo. Por eso, hubo uno que lo llamó “el Gran Desconocido”.

d.     En el Nuevo Testamento se le dan varios nombres que nos muestran esto: Jesucristo lo llama “el Paráclito”, que significa “consolador”. En nuestros sufrimientos, en las tribulaciones, el E.S. es quien nos consuela. Por eso uno de los antiguos himnos de la Iglesia le pedía cantando: riega lo que árido, sana lo que está enfermo, ayuda lo que es débil, aligera lo que es pesado.

e.     El Espíritu Santo es Dios.

f.       El Espíritu Santo mora en el creyente y lo capacita para hacer en este mundo la obra que el Padre le ha encomendado.

g.     En el libro de Efesios leemos que el Espíritu Santo es el sello que identifica a los hijos de Dios y la garantía de que recibirán la herencia de la vida eterna.

h.     Por lo tanto, el Espíritu Santo está en cada uno de los que han recibido a Jesús como Señor y Salvador. Los prepara para ser testigos del Padre por todo el mundo y les confirma que son de Dios.

i.        El Espíritu Santo ayuda al creyente a andar siempre en su voluntad. También le infunde esperanza, al darle la certeza de que estará con el Señor por toda la eternidad.

j.        Hay personas que piensan que el Espíritu Santo es solo una energía positiva, pero en realidad es mucho más que eso. Es Dios mismo y su poder en acción. Cuando el Espíritu Santo se mueve, todo cambia. Su presencia transforma personas y situaciones.

k.      El Espíritu Santo es la "Tercera Persona de la Santísima Trinidad". Es decir, habiendo un sólo Dios, existen en Él tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por Jesús en su Evangelio.

l.        El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación, pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. El Señor Jesús nos lo presenta y se refiere a Él no como una potencia impersonal, sino como una Persona diferente, con un obrar propio y un carácter personal.

m.  El Espíritu Santo es Abogado: porque nos defiende. Dice San Pablo: “el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como nos conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros como gemidos inefables”.

n.     Espíritu de verdad: porque Él es el que hace a los Apóstoles que se acuerden de todo lo que ha dicho Jesucristo, y Él es el que hace que los cristianos y especialmente el Papa entiendan las Sagradas Escrituras sin equivocarse.

o.     Don de Dios: porque es el gran regalo que nos hace Dios; enviarnos al Espíritu Santo.

p.     Santificador: porque es el que produce la santidad en nuestros corazones; El suscita en nuestros corazones las virtudes y las buenas cualidades que nos hacen santos y agradables a Dios. Por eso dice San Pablo que los frutos del E.S. son: caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza (Gal 5,22-23).

q.     Vivificante: porque El nos da la vida (cf. Gal 5,25). El nos engendra en el bautismo, nos hace hijos de Dios y nos hace nacer espiritualmente.

r.       No podemos ser cristianos si desconocemos al Espíritu Santo. Y no podemos ser buenos cristianos si no amamos devotamente al E.S., si no lo invocamos y si no nos gozamos cuando El, por la gracia, habita en nuestros corazones.

 

En resumen, el Espíritu Santo es la presencia de Dios en nosotros que nos ayuda a mejorar y a crecer cada día, buscando ser más como Jesús.

Disfrutemos del Espíritu Santo en nosotros y vivamos vidas que muestren su amor y su poder.

El Espíritu Santo es miembro de la Trinidad, junto con el Padre y el Hijo. Sin embargo, algunos creyentes no comprenden que Dios, en la persona de su Espíritu, ha venido a morar en ellos.

En vez de vivir en el poder y en la provisión del Espíritu, solo se esmeran por hacer su mejor esfuerzo y esperar por el día en el que llegarán al cielo. Como resultado viven inconformes y desilusionados de Dios. No obstante, el problema no es el Señor, sino la falta de conocimiento en cuanto a la presencia y guía del Espíritu Santo en sus vidas.

Se nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir nuestro andar de fe. Solo debemos estar dispuestos a rendirnos ante Dios para hacer uso de los recursos del Espíritu Santo. Nuestro Ayudador divino siempre está dispuesto a socorrernos. En ningún momento, desde que recibimos a Cristo como Salvador, hemos estado solos ni desamparados; aunque nos sintamos así. Su Espíritu está siempre presente y obra de manera activa en nuestra vida.

 

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