martes, 11 de febrero de 2025

Espíritu Santo: curso introductorio

 Espíritu Santo: Su Obra

V









En este sencillo resumen nos proponemos reflexionar la importancia de conocer al Espíritu Santo. Muchas veces no somos conscientes de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y olvidamos las enseñanzas recibidas acerca de su persona. Hoy nos proponemos reflexionar sobre la obra del Espíritu Santo y nuestra relación de amor con nuestro Dios.

Nos preguntamos ¿Cuál es el lugar que ocupa el Espíritu Santo en nuestras vidas? ¿Qué lugar le damos a la tercera persona de la Santísima Trinidad? "Dios es Amor" nos dice el Evangelio según San Juan (Jn 4,8-16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Pero ¿somos receptores de ese amor divino?

Este amor, "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". (Rom 5, 5).

Pero ¿Cuál es la obra del Espíritu Santo? ¿Por qué decimos que es el don de Dios?

Veamos algunas cuestiones

a)      El Espíritu Santo, el don de Dios

 

Primer efecto del don del amor: Muchas veces hemos sido muertos o heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de nuestros pecados.

Comunión: La Comunión con el Espíritu Santo, "La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros." (2 Co 13, 13); es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado. Por el Espíritu Santo nosotros podemos decir que "Jesús es el Señor ", es decir para entrar en contacto con Cristo es necesario haber sido atraído por el Espíritu Santo.

Bautismo: Mediante el Bautismo se nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad.

Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo.

 

b)     La obra del Espíritu Santo

 

1)      El Espíritu Santo nos convence de pecado. 

 

“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”

 (Jn 16, 8)

En primer lugar, es el Espíritu Santo quien nos hace reconocer que somos pecadores necesitados de salvación para que podamos arrepentirnos, para que podemos depositar nuestra fe en Cristo y recibir sí su perdón.

En segundo lugar, incluso, después de ser salvos, nos hace reconocer cuando actuamos de manera incorrecta, al recordarnos que el pecado no debe ser parte de nuestra vida, pues ahora seguimos a Jesucristo.

 

2)      Vida de fe. 

 

El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva.

Él es quien nos precede y despierta en nosotros la fe.

Sin embargo, es el "último" en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad.

 

3)      El Paráclito.

 

Palabra del griego "parakletos", que literalmente significa "aquel que es invocado", es por tanto el abogado, nuestro abogado, el mediador, el defensor, el consolador.

Jesús nos presenta al Espíritu Santo diciendo:

"El Padre os dará otro Paráclito"

(Jn 14, 16)

4)      El abogado defensor

 

El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, nos defiende del peligro de perder la vida y la salvación eterna.

Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado "otro paráclito" porque continúa haciendo operante la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna.

 

5)      Nos sella para salvación.

 

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”

(Ef 1, 13)

En esa época el sello era usado para autentificar, demostrar posesión y protección. El Espíritu Santo nos sella en Cristo como hijos de Dios, pues ahora vivimos bajo su divina protección. Es un sello que nadie puede romper, ni Dios, ni el diablo, ni nosotros mismos. Sin embargo, eso no significa que podemos pecar sin sufrir consecuencias. Dios nos muestra lo que está mal y también nos disciplina.

 

6)      El Espíritu Santo mora en nosotros. 

 

“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”

(Ro 8, 11)

eEl Espíritu Santo es un regalo eterno que ha enviado a nuestra vida. Y vivimos bajo su dirección, mientras nos capacita para que hagamos lo que nos pide.

 

7)      El Espíritu Santo nos enseña. 

 

“Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas”

(Jn 14, 26)

Puesto que es Dios, su Espíritu es un maestro que supera a todos los demás. Nos guía al leer la Palabra de Dios y nos ayuda a interpretarla adecuadamente. La Biblia es un maravilloso regalo que Dios nos ha dado, y si somos fieles al leerla y le pedimos a su Espíritu que nos enseñe, nos ayudará a entenderla.

 

8)      Nos revela su verdad. 

 

“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”

(1 Co 2, 12)

 

Se nos promete un conocimiento divino que va más allá de nosotros y del universo, y que solo puede ser hallado en la Palabra de Dios. Puede que no entendamos de manera inmediata lo que significa el pasaje que hemos leído, o cómo podremos aplicarlo; pero, si perseveramos en buscar y escudriñar la Palabra de Dios, el Espíritu nos ayudará a entender. No obstante, si dejamos de leer la Biblia, nos faltará la sabiduría que solo proviene de Dios.

 

a.       Espíritu de la Verdad: Jesús afirma de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Y al prometer al Espíritu Santo en aquel "discurso de despedida" con sus apóstoles en la Última Cena, dice que será quien después de su partida, mantendrá entre los discípulos la misma verdad que Él ha anunciado y revelado.

b.      El Paráclito, es la verdad, como lo es Cristo. Los campos de acción en que actúa el Espíritu Santo, son el espíritu humano y la historia del mundo. La distinción entre la verdad y el error es el primer momento de dicha actuación.

c.       Permanecer y obrar en la verdad es el problema esencial para los Apóstoles y para los discípulos de Cristo, desde los primeros años de la Iglesia hasta el final de los tiempos, y es el Espíritu Santo quien hace posible que la verdad a cerca de Dios, del hombre y de su destino, llegue hasta nuestros días sin alteraciones.

 

9)      Nos guía. 

 

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad”

(Jn 16, 13)

Nuestro Ayudador divino es también quien nos guía. Nos ayuda a discernir lo verdadero y a tomar decisiones correctas. En vez de buscar los consejos de otras personas, lo primero que debemos hacer es pedirle al Espíritu Santo que nos dirija. Produce fruto en nosotros.

“Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”

(Ga 5, 22-23)

 A menudo, estas cualidades se producen en nosotros por medio de circunstancias que podrían hacernos reaccionar de manera diferente. Por ejemplo, si nos resulta difícil amar a una persona, el Espíritu Santo puede cambiar nuestra actitud si se lo pedimos y si deseamos caminar en obediencia a Él.

 

10)  Nos recuerda. 

 

“Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”

(Jn 14, 26)

 Aunque los discípulos ya habían estado con Cristo y escuchado sus enseñanzas durante tres años, solo disponían de lo que recordaban después de que Él había partido. Para enseñar a otros acerca de Cristo necesitaban que el Espíritu Santo les ayudara a recordar. Incluso en nuestro tiempo, necesitamos que nos recuerde los pasajes bíblicos que necesitamos para cada situación. Si leemos la Biblia fielmente, el Espíritu Santo nos ayudará a recordar lo que dice.

 

11)  Nos faculta con dones espirituales. 

 

“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo”

(1 Co 12, 4)

Su Espíritu nos da dones espirituales para que podamos servirnos los unos a los otros de la manera que Él desea.

 

12)  Nos da poder. 

 

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos”

(Hch 1, 8)

Su poder nos permite completar la misión que nos ha dado y nos capacita en cada aspecto de la vida.

 

13)  Nos llena.

 

“Sed llenos del Espíritu”

(Ef 5, 18)

Esta es una vida gobernada y guiada por el Espíritu Santo, pues su presencia mora en nosotros. Ningún creyente tiene una excusa legítima para no obedecer a Dios, pues su Espíritu nos ha capacitado para cumplir con su voluntad y mandamientos.

domingo, 9 de febrero de 2025

Espíritu Santo: curso introductorio

 

IV

El tiempo de la Iglesia: es el tiempo del Espíritu Santo.

 

Nace como fruto del Bautismo en el Espíritu la Iglesia, esa comunidad de creyentes en Jesús.

 

La venida del Espíritu Santo inauguró una nueva era en la vida de la humanidad. La era del Poder de Dios en medio de los hombres, la era de la Gracia y la era de los adoradores en Espíritu y en Verdad.

 

 

La vida de comunión, armonía, paz y amor que reinaba entre los apóstoles era de tal manera nueva y atractiva que invitaba a todos a vivirla también.  En el amor que se profesaban era expresión de esa gracia divina. “MIRAD COMO SE AMAN” decían los paganos cuando veían a los cristianos llenos del amor del Espíritu Santo. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común.

 

Todos estaban unánimemente juntos, reunidos, compartiendo el mismo amor por Dios y el mismo corazón, la misma confianza en Su promesa y obedeciendo al permanecer juntos en la misma ciudad, tal como Jesús les pidió.

 

“No había entre ellos ningún necesitado, porque nadie llamaba suyos a los bienes materiales, sino que los ponía al servicio de los hermanos. Los bienes de este mundo se compartían y distribuían de una manera cristiana, es decir sirviendo a los más necesitados”.

(Hechos 2, 44)

La misión:

La misión de aquellas primitivas comunidades cristianas era llevar el Evangelio y expandir el Reino.  Para poder realizar esa misión, Dios Padre hizo una promesa y dijo que Cristo la enviaría sobre ellos, es decir, Jesús nos daría una investidura de lo alto por la Promesa del Padre. Y como ya lo hemos mencionado, Jesús les pidió a sus discípulos que no se movieran de Jerusalén y luego ir por todo el mundo a anunciar el Evangelio.

 

La vida de las primeras comunidades cristianas:

 

Las primeras comunidades cristianas glorificaban a Dios: Desde ese momento comenzaron a dar gracias a Dios siempre y por todo. Si los metían a la cárcel cantaban salmos. Si los azotaban y perseguían deban gracias a Dios. Si pasaban hambre alababan al Señor. Siempre estaban llenos del gozo del Espíritu Santo, aun en medio de enfermedades y tribulaciones. La gracia del Señor les bastaba. Todo lo consideraban basura en comparación del conocimiento y el amor del Señor Jesús.

 

La perseverancia de los primeros cristianos después de Pentecostés:

Perseveraban en la doctrina de los apóstoles: ellos dependían de los apóstoles para que les comunicara quien era Jesús y lo que Él había hecho. Los primeros cristianos confiaban y querían saber más de Jesús. No había desviación de la doctrina de los apóstoles.

 

Perseveraban en la comunión unos con los otros: La vida del cristiano debe ser llena de comunión, compartir con el otro, compartimos al mismo Señor, la misma guía, el mismo amor a Dios, el mismo deseo de alabarlo y de adorarlo etc.

Perseveraban en el partimiento del pan: Nunca olvidaron lo que Jesús les enseñó, nunca olvidaron lo que Jesús hizo por nuestra salvación en la Cruz.

Perseveraban en las oraciones: El pueblo de Dios se reúne para orar y alabar.

Todos los que habían creído estaban juntos, todas las cosas las tenían en común y repartían todo según la necesidad de cada uno. Las familias cristianas compartían todo. Si bien las costumbres judías indicaban que debían ser hospitalarios durante cualquier día festivo en el tiempo de Pentecostés, y los visitantes que llegaban a Jerusalén eran recibidos en las casas particulares y nadie podía cobrar por dar alojamiento, o por proveer para sus necesidades básicas, los cristianos tomaron esta hospitalidad y la hicieron una cosa de todos los días.

Ellos vendían sus propiedades y sus bienes y los repartían según la necesidad de cada uno:

Vemos la confianza de los primeros cristianos en el Poder de Dios. Vemos que para ellos Jesús es mucho más importante que sus posesiones materiales.

En Pentecostés, vemos el cumplimiento de la Promesa hecha por Dios a los hombres, no es otra cosa que Jesús glorificado, lleno de Espíritu Santo, que da su Espíritu a los que creen en Él.

Dios es un Dios de lo imposible y hace lo que quiere, ha decidido salvar a un mundo perdido en sus pecados. Es el Espíritu Santo la Promesa del Padre.

Durante cuarenta días después de su Crucifixión, Jesús se les aparece a sus discípulos y les habló del Reino de Dios y de la tarea a realizar, una tarea misional que Él inició y que todos los cristianos recibimos.

Aquellos discípulos no eran ajenos a la Persona y obra del Espíritu Santo, ya que vieron al Espíritu Santo continuamente trabajar en el ministerio de Jesús. Además, los discípulos oyeron a Jesús prometer una nueva obra venidera del Espíritu Santo (Juan 14, 15-18). Tuvieron que esperar hasta que llegó Pentecostés y durante este tiempo de espera Dios puso a prueba la paciencia de estos hombres, puso a prueba la bondad y la compasión y durante todo este tiempo permanecieron juntos.

El regalo que Dios nos ha prometido es el regalo del Espíritu Santo. Vale la pena esperar por este regalo. Este regalo viene según su Voluntad y muchas veces no como nosotros lo esperamos.

El arrepentimiento y el bautismo era muy importante según nos relata este mismo texto en los versículos 38-40. Arrepentirse en nombre de Jesucristo par el perdón de los pecados, así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque para todos es la promesa.

Debemos hacer algo para ser salvos. Dios podía salvar a las personas que tenían arrepentimiento. Lo primero que responde San Pedro a la multitud, el día de su discurso es que debían hacer algo: arrepentirse, cambiar de mentalidad, debían cambiar su manera de pensar, tomando a Jesús como Señor y Mesías. En este sentido la palabra “arrepentimiento” es una palabra de gran esperanza, pues ella nos dice que no tenemos que continuar tal como antes, y que podemos volver hacia Dios.

La promesa es para todos. Los primitivos habitantes vieron la obra gloriosa del Espíritu Santo entre los discípulos

 

Todos aquellos que nos consideramos discípulos de Jesús, recibimos esta promesa y esta misión. Hay una tarea asignada que le da sentido a nuestra vida en esta tierra.

 

Hoy también debemos sumarnos a esa misión.