Oración del quinto miércoles de
cuaresma:
Oración inicial:
Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí, entre nosotros, esta
tarde, quiero pedirte y agradecerte.
PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me
amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada
día en la Misa ese sacrificio.
Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡Tuyo soy, para ti nací! Y hoy digo: ¿qué quieres, Señor de
mí?
Señor
Jesús, te pedimos que nos concedas la
disposición de corazón para seguir tus mandatos con prontitud y amor.
Que, nosotros estemos dispuestos a dejar atrás nuestras preocupaciones y
distracciones mundanas para seguirte más de cerca. Que este día dejemos de lado
todo lo que nos separa de ti y nos centremos en la celebración de tu amor
redentor. Fortalécenos, oh Señor, para vivir con alegría y agradecimiento la
noticia de la Salvación. Amén.
Invocamos al Espíritu Santo:
Ven Santo Espíritu
Ven, Espíritu
divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce
huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el
fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra
en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus
siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
Lectura de la
profecía de Daniel 3, 26-27
26.Bendito seas, Señor,
Dios de nuestros padres que tu Nombre sea alabado y glorificado eternamente
27.Porque eres justo en todo lo que has hecho todas tus obras son verdaderas rectos todos tus caminos y verdaderos todos tus juicios
REFLEXIÓN:
Escuchábamos en la narración del Libro de Daniel, que los
tres jóvenes son salvados del horno del fuego ardiente por el ángel del Señor. Los
jóvenes confiando en Él, desobedecieron la orden del rey y expusieron su vida
antes que servir y a adorar a un dios extraño. En nuestras vidas, Dios debe ser
lo primero. Cristo en la Cruz todo nos lo da.
El misterio Pascual es para
todos nosotros una llamada. No me puedo quedar nada más en los ritos
exteriores. ¿Cuál es la obra que me está diciendo a mí si opto por Cristo o no?
Mi comportamiento cristiano, mi opción definitiva por Jesucristo es donde puedo
ver quién es verdaderamente mi Padre, allí es donde sé quién es auténticamente
el Señor de mi vida.
Podría ser que en nuestra alma
hubiese algunos campos en los que todavía Cristo nuestro Señor no es el
vencedor victorioso, no es el esposo fiel. ¿No podría haber campos en nuestra
vida, rasgos en nuestra alma, en los que por egoísmo, por falta de generosidad,
por pereza, por frialdad, nuestra alma todavía no corriese al ritmo de Dios, no
estuviese alimentándose de la vida de Dios, no estuviese nutriéndose de la
opción fundamental, definitiva, única, exclusiva por Dios nuestro Señor?
La Semana Santa es un período de
reflexión muy importante. Un período que nos va a mostrar a un Cristo que se
ofrece a nosotros, un Cristo que reclama de cada uno de nosotros el amor fiel,
el amor de don total del corazón hecho obras, manifestado en un comportamiento
realmente cristiano.
El misterio pascual es la raya
que define si soy alguien que vive de Dios, o soy alguien que vive de sí mismo.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR:
¿Nos sentimos hoy en día atraídos a adorar falsos ídolos?: el dinero, fama, poder, sexo, vicios? ¿somos esclavos de lo que el mundo nos ofrece?
Oración:
Señor te alabamos por tu gran misericordia. Te pedimos que, el Espíritu
Santo ilumine todos los campos de nuestra vida: que nuestro interior, nuestra
vida social, nuestra vida familiar se iluminen y que optemos definitivamente y
sin ninguna cadena por aquello que nos ha liberado: el amor de Dios. Que en
nuestras vidas Dios sea siempre lo primero. Amén.
Padre Nuestro…
Ave María…
Gloria…
MEDITAMOS EN
SILENCIO…
Juan 8, 31-42
En aquel tiempo,
Jesús dijo a los que habían creído en él: “Si se mantienen fieles a mi palabra,
serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará
libres”.
REFLEXIÓN:
El Evangelio de
San juan nos ayuda en la comprensión de lo que significa la Salvación que Dios
nos ha otorgado. Descubrir que Jesús es no solo el enviado de Dios, sino su
Hijo, y que sólo Él puede otorgar la verdadera y definitiva libertad prometida
a Abraham es el reto que se nos propone. Debemos descubrir a Dios en nuestras
vidas y que este descubrimiento nos otorgue un verdadero sentido a todo lo que
somos y hacemos.
Jesucristo nos liberó del
pecado, y así sanó la raíz de todos los males; de esa forma hizo posible la
liberación integral del hombre. Sólo existe un mal verdadero, que hemos de
temer y rechazar con la gracia de Dios: el pecado. Y sólo Jesús, el Hijo de Dios, el libertador, nos revela lo que es la
verdadera libertad: una total renuncia a sí mismos para afirmar al Otro, a los
otros.
Jesús
nos habla de la esclavitud del pecado. Se puede ser esclavo y querer seguir siéndolo, aunque estés siempre
repitiendo las palabras libertad y liberación.
Es
que no podemos liberarnos solos, sino que es preciso ser liberados. Esto
acontece cuando abrimos el corazón a la Palabra –presencia de Cristo en
nosotros– y a su poder salvador. Él puede convertirnos apartándonos de la
idolatría y de nosotros mismos para guiarnos a la libertad del amor.
Todos queremos ser libres.
La fidelidad a la Palabra de Jesús es lo que da la certeza de estar en el
camino discipular, en el camino verdadero. La verdad es la única realidad que
genera, en la historia de la humanidad y en la persona en concreto, la
libertad.
Tú, ¿quieres ser libre?
Escucha a Jesús, y sé fiel. Ábrete a la revelación de Dios. Conocerás la
Verdad, y te hará libre.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR:
¿somos conscientes de que solamente sometiéndonos al amor
incondicional de Dios y compartiendo ese amor con nuestra prójimo, obtendremos
la verdadera libertad, esa verdad que nos hace libres?
¿somos conscientes de que al someternos a la voluntad del
Padre, como lo hizo Jesús, seremos realmente libres?
Oración: Oh Señor, necesitamos de tu fuerza y de
Tu amor para poder ser fieles a tu Palabra. Te damos gracias por Nuestro
Salvador Jesucristo, quien nos liberó y nos compro con el precio de su
sangre. Humildemente te pedimos la
Gracia de reconocer aquello que te desagrada y evitarlo. Te pedimos nos liberes
de la esclavitud del pecado. Amén.
Padre Nuestro…
Ave María…
Gloria…
MEDITAMOS EN
SILENCIO…
Gálatas 5, 13
“Ustedes, hermanos,
han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no
sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien
servidores los unos de los otros, por medio del amor”
REFLEXIÓN:
“La verdad nos hará libres”. No
se trata de una libertad frente a la autoridad política o judicial. Se trata de
la verdadera libertad; la libertad frente al pecado, la muerte, las tinieblas,
a través de la persona de Cristo Jesús. “Si el Hijo os hace libres, seréis
realmente libres”. Y esa libertad es capaz de hacernos sentir libres aún en
prisión. Reflexionar sobre este versículo puede ayudar a entender que la
libertad cristiana es un regalo de Dios que se debe usar para servir a los
demás.
Es necesario el paso de una fe inicial,
entusiasta, que acepta a Jesús como Mesías-Profeta a la confesión cristiana de
la fe que le reconoce como Hijo de Dios. Así confesamos la Verdad que nos hace
libres, hijos de Dios en el Hijo que nos le da a conocer.
Es este un versículo que nos habla acerca de la
importancia de la libertad en nuestras vidas y cómo podemos utilizarla para
servir a los demás. Como cristianos, creemos que Dios nos ha llamado a la
libertad y nos ha dado la capacidad de decidir por nosotros mismos, sin
embargo, esto no significa que debamos utilizar nuestra libertad como una
excusa para seguir nuestros propios deseos egoístas.
El apóstol Pablo escribió este versículo
a la comunidad de creyentes en Galacia para recordarles que, aunque somos
libres, nuestra libertad debe ser siempre guiada por nuestro amor a los demás.
Debemos utilizar nuestra libertad para servir a los demás y no para satisfacer
nuestras propias necesidades y deseos.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR:
¿Nos guía el amor por los demás?
¿Somos conscientes del amor incondicional de Dios?
¿Compartimos el amor incondicional de Dios con nuestro prójimo?
Oración:
Te rogamos en esta tarde, Señor que nos hagas discípulos,
ayúdanos a purificar nuestras motivaciones humanas. Te ruego que nos ayudes a recorrer tu camino hasta poder vivir en tu
Paz, y que Tú llegues a ser, en verdad, Señor de mi vida. Haznos
experimentar Tu Verdad, que nos hace libres, nos abandonamos a tu amor. Ven, Espíritu Santo, porque donde Tú estás hay
libertad, verdad, humildad; hay comunión y esperanza, hay alegría y paz. Ven
porque donde Tú estás está Cristo, ven para que no nos falten profetas y
testigos, ven y enséñanos a orar, a decir "sí"; ven porque eres capaz
de poner gozo secreto en medio del sufrimiento. Con tu fuerza levántame del
suelo, quítame los miedos y haz que no abandone el Camino que me lleva a la
Vida con mis hermanos. Amén.
Padre
Nuestro…
Ave
María…
Gloria…
MEDITAMOS EN SILENCIO…
REFLEXIONES FINALES:
Hacemos
silencio, nos disponemos a orar:
Señor Jesús: en este camino
cuaresmal te acercas a nosotros y nos hablas al corazón para que descubramos
las señales del paso de una fe infantil a una fe adulta.
Señor Jesús, nuestro tesoro es conocerte
para amarte y seguirte.
Señor Jesús, sacude nuestra fe adormecida,
nuestra rutina en la oración.
Señor Jesús, haznos experimentar
tu verdad que nos hace libres; en este proceso nos abandonamos a tu infinito
amor.
Señor Jesús, haznos hacer de
nuevo a la vida en el Espíritu.
Señor Jesús, agradecemos tu amor
y sacrificio en la Cruz, te pedimos la gracia de seguir tus enseñanzas.
Señor Jesús que profundicemos en
la espiritualidad de la semana santa que pronto comienza, y que podamos
entender el significado de tus palabras en la Cruz.
Oración final:
No me mueve, mi
Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves,
Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin,
tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
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