miércoles, 9 de abril de 2025

Oraciones cuaresmales


En esta semana de Cuaresma, hoy quinto miércoles se nos plantea el desafío de meditar la Palabra y orar a Dios con toda humildad. Esta breve oración nos propone, reflexionar acerca de la necesidad de abandonarnos totalmente al amor Divino.




Oración del quinto miércoles de cuaresma:

Oración inicial:

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí, entre nosotros, esta tarde, quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡Tuyo soy, para ti nací!  Y hoy digo: ¿qué quieres, Señor de mí?  

 Señor Jesús, te pedimos que nos concedas la disposición de corazón para seguir tus mandatos con prontitud y amor. Que, nosotros estemos dispuestos a dejar atrás nuestras preocupaciones y distracciones mundanas para seguirte más de cerca. Que este día dejemos de lado todo lo que nos separa de ti y nos centremos en la celebración de tu amor redentor. Fortalécenos, oh Señor, para vivir con alegría y agradecimiento la noticia de la Salvación. Amén.

Invocamos al Espíritu Santo:

Ven Santo Espíritu

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

 

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.


 

Lectura de la profecía de Daniel 3, 26-27

26.Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres que tu Nombre sea alabado y glorificado eternamente

27.Porque eres justo en todo lo que has hecho todas tus obras son verdaderas rectos todos tus caminos y verdaderos todos tus juicios

REFLEXIÓN:

Escuchábamos en la narración del Libro de Daniel, que los tres jóvenes son salvados del horno del fuego ardiente por el ángel del Señor. Los jóvenes confiando en Él, desobedecieron la orden del rey y expusieron su vida antes que servir y a adorar a un dios extraño. En nuestras vidas, Dios debe ser lo primero. Cristo en la Cruz todo nos lo da.

El misterio Pascual es para todos nosotros una llamada. No me puedo quedar nada más en los ritos exteriores. ¿Cuál es la obra que me está diciendo a mí si opto por Cristo o no? Mi comportamiento cristiano, mi opción definitiva por Jesucristo es donde puedo ver quién es verdaderamente mi Padre, allí es donde sé quién es auténticamente el Señor de mi vida.

Podría ser que en nuestra alma hubiese algunos campos en los que todavía Cristo nuestro Señor no es el vencedor victorioso, no es el esposo fiel. ¿No podría haber campos en nuestra vida, rasgos en nuestra alma, en los que por egoísmo, por falta de generosidad, por pereza, por frialdad, nuestra alma todavía no corriese al ritmo de Dios, no estuviese alimentándose de la vida de Dios, no estuviese nutriéndose de la opción fundamental, definitiva, única, exclusiva por Dios nuestro Señor?

La Semana Santa es un período de reflexión muy importante. Un período que nos va a mostrar a un Cristo que se ofrece a nosotros, un Cristo que reclama de cada uno de nosotros el amor fiel, el amor de don total del corazón hecho obras, manifestado en un comportamiento realmente cristiano.

El misterio pascual es la raya que define si soy alguien que vive de Dios, o soy alguien que vive de sí mismo.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR:

¿Nos sentimos hoy en día atraídos a adorar falsos ídolos?: el dinero, fama, poder, sexo, vicios?  ¿somos esclavos de lo que el mundo nos ofrece?

Oración:

Señor te alabamos por tu gran misericordia. Te pedimos que, el Espíritu Santo ilumine todos los campos de nuestra vida: que nuestro interior, nuestra vida social, nuestra vida familiar se iluminen y que optemos definitivamente y sin ninguna cadena por aquello que nos ha liberado: el amor de Dios. Que en nuestras vidas Dios sea siempre lo primero. Amén.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

MEDITAMOS EN SILENCIO…


Juan 8, 31-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”.

 

REFLEXIÓN:

El Evangelio de San juan nos ayuda en la comprensión de lo que significa la Salvación que Dios nos ha otorgado. Descubrir que Jesús es no solo el enviado de Dios, sino su Hijo, y que sólo Él puede otorgar la verdadera y definitiva libertad prometida a Abraham es el reto que se nos propone. Debemos descubrir a Dios en nuestras vidas y que este descubrimiento nos otorgue un verdadero sentido a todo lo que somos y hacemos.

Jesucristo nos liberó del pecado, y así sanó la raíz de todos los males; de esa forma hizo posible la liberación integral del hombre. Sólo existe un mal verdadero, que hemos de temer y rechazar con la gracia de Dios: el pecado. Y sólo Jesús, el Hijo de Dios, el libertador, nos revela lo que es la verdadera libertad: una total renuncia a sí mismos para afirmar al Otro, a los otros.

Jesús nos habla de la esclavitud del pecado. Se puede ser esclavo y querer seguir siéndolo, aunque estés siempre repitiendo las palabras libertad y liberación.

Es que no podemos liberarnos solos, sino que es preciso ser liberados. Esto acontece cuando abrimos el corazón a la Palabra –presencia de Cristo en nosotros– y a su poder salvador. Él puede convertirnos apartándonos de la idolatría y de nosotros mismos para guiarnos a la libertad del amor.

Todos queremos ser libres. La fidelidad a la Palabra de Jesús es lo que da la certeza de estar en el camino discipular, en el camino verdadero. La verdad es la única realidad que genera, en la historia de la humanidad y en la persona en concreto, la libertad.

Tú, ¿quieres ser libre? Escucha a Jesús, y sé fiel. Ábrete a la revelación de Dios. Conocerás la Verdad, y te hará libre.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR:

¿somos conscientes de que solamente sometiéndonos al amor incondicional de Dios y compartiendo ese amor con nuestra prójimo, obtendremos la verdadera libertad, esa verdad que nos hace libres?

¿somos conscientes de que al someternos a la voluntad del Padre, como lo hizo Jesús, seremos realmente libres?

 

Oración: Oh Señor, necesitamos de tu fuerza y de Tu amor para poder ser fieles a tu Palabra. Te damos gracias por Nuestro Salvador Jesucristo, quien nos liberó y nos compro con el precio de su sangre.  Humildemente te pedimos la Gracia de reconocer aquello que te desagrada y evitarlo. Te pedimos nos liberes de la esclavitud del pecado. Amén.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

 

MEDITAMOS EN SILENCIO…


Gálatas 5, 13

“Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor”

REFLEXIÓN:

“La verdad nos hará libres”. No se trata de una libertad frente a la autoridad política o judicial. Se trata de la verdadera libertad; la libertad frente al pecado, la muerte, las tinieblas, a través de la persona de Cristo Jesús. “Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres”. Y esa libertad es capaz de hacernos sentir libres aún en prisión. Reflexionar sobre este versículo puede ayudar a entender que la libertad cristiana es un regalo de Dios que se debe usar para servir a los demás. 

Es necesario el paso de una fe inicial, entusiasta, que acepta a Jesús como Mesías-Profeta a la confesión cristiana de la fe que le reconoce como Hijo de Dios. Así confesamos la Verdad que nos hace libres, hijos de Dios en el Hijo que nos le da a conocer.

Es este un versículo que nos habla acerca de la importancia de la libertad en nuestras vidas y cómo podemos utilizarla para servir a los demás. Como cristianos, creemos que Dios nos ha llamado a la libertad y nos ha dado la capacidad de decidir por nosotros mismos, sin embargo, esto no significa que debamos utilizar nuestra libertad como una excusa para seguir nuestros propios deseos egoístas.

El apóstol Pablo escribió este versículo a la comunidad de creyentes en Galacia para recordarles que, aunque somos libres, nuestra libertad debe ser siempre guiada por nuestro amor a los demás. Debemos utilizar nuestra libertad para servir a los demás y no para satisfacer nuestras propias necesidades y deseos.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR:

¿Nos guía el amor por los demás?

¿Somos conscientes del amor incondicional de Dios?

¿Compartimos el amor incondicional de Dios con nuestro  prójimo?

 

Oración:

Te rogamos en esta tarde, Señor que nos hagas discípulos, ayúdanos a purificar nuestras motivaciones humanas. Te ruego que nos ayudes a recorrer tu camino hasta poder vivir en tu Paz, y que Tú llegues a ser, en verdad, Señor de mi vida.  Haznos experimentar Tu Verdad, que nos hace libres, nos abandonamos a tu amor.  Ven, Espíritu Santo, porque donde Tú estás hay libertad, verdad, humildad; hay comunión y esperanza, hay alegría y paz. Ven porque donde Tú estás está Cristo, ven para que no nos falten profetas y testigos, ven y enséñanos a orar, a decir "sí"; ven porque eres capaz de poner gozo secreto en medio del sufrimiento. Con tu fuerza levántame del suelo, quítame los miedos y haz que no abandone el Camino que me lleva a la Vida con mis hermanos. Amén.  

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

 

MEDITAMOS EN SILENCIO…

REFLEXIONES FINALES:

Hacemos silencio, nos disponemos a orar:

Señor Jesús: en este camino cuaresmal te acercas a nosotros y nos hablas al corazón para que descubramos las señales del paso de una fe infantil a una fe adulta.

Señor Jesús, nuestro tesoro es conocerte para amarte y seguirte.

Señor Jesús, sacude nuestra fe adormecida, nuestra rutina en la oración.

Señor Jesús, haznos experimentar tu verdad que nos hace libres; en este proceso nos abandonamos a tu infinito amor.

Señor Jesús, haznos hacer de nuevo a la vida en el Espíritu.

Señor Jesús, agradecemos tu amor y sacrificio en la Cruz, te pedimos la gracia de seguir tus enseñanzas.

Señor Jesús que profundicemos en la espiritualidad de la semana santa que pronto comienza, y que podamos entender el significado de tus palabras en la Cruz.

Oración final: 

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

 





  

 





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