domingo, 27 de abril de 2025

Bautismo de San Agustín

 



Uno de los grandes santos de la Iglesia Católica es, sin lugar a dudas, San Agustín de Hipona. El santo africano que nos relata sus luchas internas y nos describe cómo pasó de una vida mundana a entregarse por completo a Nuestro Salvador. En estas breves líneas veremos la importancia de su bautismo, su vivencia y su entrega.

 

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sortera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiraré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

Agustín de Hipona
Las Confesiones

 

San Agustín no se cansó nunca de meditar en el milagro de su conversión y la expresó de diversas maneras y estilos.

El 24 de abril celebramos la llamada conversión de San Agustín, es el día de su bautismo y es uno de los momentos más impactantes de la vida del santo obispo de Hipona.

 

Agustín se da cuenta de lo que supone Dios en su vida y expresa su famosa frase: “Tarde te amé…”, tal como lo narra en las Confesiones.

Desde ese momento descubrió que Dios es el principio y fin, es el sentido de toda su vida, su referente y guía en su peregrinar.

 

Tal como él mismo lo relata en Las Confesiones, tardó en amar a Dios y en descubrir su infinito amor. Agustín se retiró a Casiciaco para reflexionar y preparar su alma para comenzar a caminar con Cristo.

 

Rendido al Señor, Agustín fue bautizado por San Ambrosio obispo de Milán durante la Vigilia Pascual del año 387, en la noche del 24 al 25 de abril. El 24 de abril, el mismo día en que en el calendario agustiniano se conmemora la conversión de san Agustín. Se dice ‘conversión’, pero sería más claro decir que es el aniversario del bautismo del santo.

 

Una descripción alegórica:

 

En el texto 208 De catech. rud. XX 34 (PL 40,335):
Agustín nos da UNA DESCRIPCIÓN ALEGÓRICA
. Nos habla de tres cuestiones:

En primer lugar, nos habla de avanzar: avanzar en la confesión, y decir al Señor: Santo, Santo, Santo: en tu nombre fuimos bautizados. En segundo lugar, la Creación: creó en su Cristo el cielo y la tierra, es decir, los espirituales y carnales de tu Iglesia; y nuestra tierra.  El Catecismo nos enseña que la creación del hombre fue la cumbre de la creación, porque está hecho a imagen de Dios. De todas las criaturas visibles, sólo el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador. Él es “la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” (CIC, núm. 356). En tercer lugar, Agustín nos describe el cambio de las tinieblas a la luz: …tu misericordia no abandonó nuestra miseria, y dijiste: Hágase la luz; haced penitencia, porque se acerca el reino de Dios (Mt 3,2), …y nos desagradaron nuestras tinieblas y nos convertimos a ti, y se hizo la luz. Y ved cómo fuimos un tiempo tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor.

 

Los catecúmenos: El catecúmeno es la persona que se está instruyendo en la doctrina o fe católica, con el fin de recibir el Bautismo. El catecúmeno desea recibir el bautismo y se hace instruir, se deja instruir par tal acontecimiento.

La gran fiesta de la Pascua cristiana era este cambio espiritual de los catecúmenos. «He aquí nuestra alegría, hermanos; ¡la alegría de veros reunidos! la alegría de los salmos e himnos, la alegría en la memoria de la pasión y resurrección de Cristo, la alegría en la esperanza de la resurrección. Si tanto GOZO nos trae la esperanza, ¿qué será la realidad?»

 

 

La Pascua: Doble resurrección:  En tiempos de Agustín, lo que se celebraba en la Pascua era la doble resurrección: la gloriosa de Cristo después de su muerte y la no menos gloriosa de las almas que triunfaban de la muerte del pecado y resucitaban para Dios

 

Sermón sobre Lázaro: San Agustín tiene un célebre sermón sobre la resurrección de Lázaro, sermón que está lleno de luces de su propia experiencia, pasar de una vida sin Cristo, a la resurrección y la vida eterna en Cristo Jesús.

 

 

¿Por qué se bautizó Agustín en Vísperas de Pascuas?

 

No lo eligió él; ni siquiera se lo planteó. En la Iglesia antigua sólo había una fecha para los bautismos, que era la noche de Pascua, y el año 387 la Pascua coincidió el día 24 de abril. Es una fecha que parte la vida de Agustín en dos. Él y los que se bautizaron con él, su hijo Adeodato y su amigo Alipio, habían tenido que interrumpir la estancia en Casiciaco, donde estaban descansando. Comenzaba la cuaresma, que era el tiempo en que se daba la catequesis a los que se iban a bautizar. Durante los meses de marzo y abril debieron de asistir puntualmente a las charlas que les impartía el propio obispo, Ambrosio. Se aprendieron de memoria el padrenuestro y el símbolo de la fe, el credo. Se dedicaron con intensidad a la oración, pidieron la oración de los demás, estudiaron, ayunaron, se mortificaron.

 

El bautismo de adultos era el más común, en los primeros siglos del cristianismo, lo cual implicaba una conversión del paganismo o de las filosofías que circulaban en el Imperio Romano.

 

A quienes deseaban ser cristianos, las comunidades los sometían a varias pruebas y períodos de discernimiento o aprendizaje.  Al inicio podían participar en las reuniones de la comunidad cristiana con un miembro de ella que se convertía en una especie de padrino.

 

El catecumenado era pues una prueba y una precaución que se había juzgado necesaria para no admitir en la sociedad cristiana sujetos mal instruidos, poco firmes y capaces de abandonar su fe. La duración de esta prueba no fue siempre la misma en todos los tiempos ni en todos los lugares.

 

¿Por qué hablamos de Conversión?:

 

En el caso de San Agustín la conversión, paulatina lo llevan al bautismo, término y culmine de su conversión, bautismo que recibió en la aurora de la Pascua, que en el año 387 cayó el 24 de abril.

 

¿Qué recibió Agustín en la vigilia pascual del año 387?

 

Recibe los sacramentos: en la vigilia pascual, recibió de manos de San Ambrosio los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía.

 

La Gracia: Entonces se hizo realmente espiritual con la gracia del Espíritu Santo, porque se hizo cristiano, hombre nuevo, cambiado por la fe y el sacramento.

 

Transformación por la fe: «Vos me perdonasteis mis maldades pasadas, cubriéndolas con vuestra indulgencia para hacerme feliz en Vos, transformando mi alma con la fe y con vuestro sacramento»

 

El perdón de los pecados: En su bautismo llegó a la última transformación por el perdón de los pecados y el revestimiento de la gracia divina.



lunes, 21 de abril de 2025

De la paciencia y la constancia. Una mirada a la curación del paralítico de Betseda

 

Nos hemos preguntado miles de veces el por qué somos inconstantes a la hora de luchar contra nuestros propios defectos. Hoy intentamos iluminados por la Palabra comenzar a abordar este compartido padecer humano. Para ello nos basaremos en el Evangelio según San Juan. Si bien Juan relata la curación del paralítico de Betseda en día sábado y la controversia generada entre los judíos, además de incluir un discurso de Jesús acerca de su relación con el Padre, en esta ocasión nos centraremos en la comprensión de la profunda lucha del paralítico y su deseo por mejorar. Que este tiempo de cuaresma nos mueva a mejorar nuestras conductas y disposiciones interiores mediante la conversión del corazón a Dios.


 

Evangelio según San Juan, 5

2.Hay en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betseda. Tiene ésta cinco pórticos,

3.y bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos (y paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara,

4.porque un ángel del Señor bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.)

5.Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

6.Jesús lo vio tendido, y cuando se enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: «¿Quieres sanar?»

7.El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro.»

8.Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda.»

 

Aquel hombre que era paralítico, tenía fe y una y otra vez trataba de llegar al agua sin poder conseguirlo. Vemos que, en nuestra vida cotidiana, muchas veces tenemos constancia en la lucha y profundos deseos de mejorar, y otras tantas veces caemos desganados, nuestra lucha interior desfallece. Volver una y otra vez al Señor tantas veces como sea necesario nos parece imposible.

Somos poco pacientes con nosotros mismos y también poco pacientes con los demás y sus propios defectos, y muchas veces no somos constantes en el apostolado, caemos en la desesperación y desgano.

Estos versículos del Evangelio, nos muestran la fe y la constancia de un hombre paralítico que lo lleva al encuentro con Jesús.

 

En primer lugar, vemos que este hombre que llevaba 38 años enfermo en espera de una curación milagrosa a través de las aguas de la piscina de Betseda, y cuando Jesús lo interroga diciéndole si quería ser sano, este hombre enfermo responde con sencillez y luego lo obedece cuando Jesús le dice que se levante y tome su camilla y eche a andar, el hombre simplemente obedeció.

¡Qué difícil es para nosotros reconocer que el Señor está siempre dispuesto a escucharnos y a darnos aquello que necesitamos en cada paso del camino! Sabemos que la misericordia de Dios supera todo calculo humano, solo hace falta que nosotros correspondamos con nuestro firme propósito de salir de ese problema que nos aqueja, pero no haciendo pacto con los propios defectos o errores humanos y hasta los pecados que nos separan de su Gracia, además tenemos que esforzarnos por superar esos defectos. No podemos ser conformistas, las excusas acerca de nuestra forma de ser, el constante decir: “y bueno así es mí personalidad”, “yo siempre fui así”, “siempre quise cambiar, pero no puedo, haga lo que haga”, con esa actitud, nunca veremos resultados positivos a través de la lente de las excusas.

 

Es importante fijar nuestra mirada y nuestra escucha en el hecho de que cuando Jesús le pregunta al paralítico de Betseda “¿quieres sanar?, simplemente manifestó la paciencia de aquel hombre que por tanto tiempo estuvo paralítico, pero que nunca dejó de insistir en recuperarse de su enfermedad.

Nuestro esfuerzo debe centrarse en querer arrancar ese defecto dominante en nosotros y alcanzar aquella virtud que tan lejana e imposible se nos presenta, teniendo paciencia en la lucha interior para crecer en determinada virtud o superar algún aspecto negativo de nuestra vida que debe ser erradicado.

Nuestra meta debería ser que, a través de nuestra conversión, de nuestra humildad y esfuerzo humano nos permitan superar nuestros defectos y faltas y tener la posibilidad de crecimiento espiritual. El verdadero premio a la constancia del paralítico fue el encuentro con Jesús.

 

En segundo lugar, vemos la gran importancia de la paciencia y de la constancia, que hoy en día son bienes escasos.

En nuestro tiempo no solemos esperar con ánimo los preciosos frutos prometidos. Pero saber esperar y luchar a la vez con paciente perseverancia con la seguridad de que nuestro pedido agrada a Dios, y esperar con gratitud por aquello que aún no obtenemos, con calma sin inquietudes por nuestras malas acciones del pasado, nos permiten aprender que una virtud no se logra de manera ordinaria, ni con violentos esfuerzos esporádicos, sino siendo continuos en la lucha, intentándolo cada día de nuestra vida y ayudados por la Gracia de Dios.

Además de la paciencia, otra de las cuestiones importantes es el tema de la constancia.

La constancia se alimenta del amor, solo el amor es paciente en la lucha, y no acepta los defectos y fallos como algo inevitable y sin remedio. El ser pacientes y constantes con uno mismo para desarraigar las malas tendencias y los defectos de carácter es a la vez huir del conformismo y aceptar el arrepentirse muchas veces delante de Dios con humildad y arrepentimiento y pidiendo nuevamente la gracia. Sin embargo, son muchas las derrotas que sufrimos en el camino arduo para eliminar esos defectos, para ello siempre es necesario volver a Dios pidiendo de su gracia y su perdón. Cuando derramamos lágrimas por los pecados cometidos, esas lágrimas, son lágrimas de amor.

 

Por último, además se ser pacientes con nosotros mismos tenemos que ejercitar esta virtud de la paciencia con los demás, y ayudarles en su caminar, en su formación, acompañarlos en sus penurias, en sus enfermedades. Llegar al hermano a través de las palabras amables, las sonrisas y la paciencia al corazón de esos hermanos para ayudar con mayor eficacia. Actuar sin impaciencia y sin pereza, con amabilidad y gracia siendo constantes en el apostolado. Para ello, debemos ser pacientes con amigos y aunque en ocasiones parezca que no escuchan, que estamos fracasando, que ellos no se interesan por las cosas de Dios. No abandonemos la lucha por eso. Más bien, hay que intensificar la oración, nuestra amistad y nuestra caridad.

Debemos evitar que alguno de nuestros hermanos en algún momento de su vida diga como el paralítico de Betseda: “no tengo quien me ayude”. Desdichadamente muchos d nuestros hermanos hoy en día repiten esas mismas palabras. El individualismo y el egoísmo que el mundo nos impone como panacea en la actualidad nos lleva cada vez más a decir las mismas palabras del paralitico.

 

Que la gracia de Nuestro Señor nos haga pacientes, constantes con nosotros mismos y con los demás.

  

 


lunes, 14 de abril de 2025

Oraciónes para el miércoles Santo

 


En esta Semana Santa 2025, transitamos el Año Jubilar dispuestos a seguir caminado juntos con disposición de corazón hacia la Pascua de Resurrección. Hoy compartimos estas oraciones y reflexiones para realizar previo a Triduo Pascual.



Oración del Miércoles Santo:

Oración inicial:

Señor Jesús, en este Miércoles Santo te pedimos que nos concedas la disposición de corazón para seguir tus mandatos con prontitud y amor. Que, así como los discípulos atendieron pronto tu mandato de ir y preparar la Cena de la Pascua, nosotros también estemos dispuestos a dejar atrás nuestras preocupaciones y distracciones mundanas para seguirte más de cerca. Que este día dejemos de lado todo lo que nos separa de ti y nos centremos en la celebración de tu amor redentor. Fortalécenos, oh Señor, para vivir con alegría y entrega en el Triduo Pascual. Amén.

Invocamos al Espíritu Santo:

Ven Santo Espíritu

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

 

Isaías 50, 5-10

5.el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás.

6.Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos.

7.Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado.

8.Cerca está el que me justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es mi demandante? ¡que se llegue a mí!

9.He aquí que el Señor Yahveh me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá.

10.El que dé entre vosotros tema a Yahveh oiga la voz de su Siervo. El que anda a oscuras y carece de claridad confíe en el nombre de Yahveh y apóyese en su Dios.

REFLEXIÓN:

Isaías nos está abriendo la puerta para que, confiando totalmente en el Señor, podamos enfrentarnos a cualquier tipo de problema, sin importar la dureza de las dificultades, con la garantía de que la ayuda que nos proporciona el inmenso amor de Dios, que se nos da gratuitamente, a través de Jesucristo, nos va a dar la fortaleza suficiente para ayudar a los decaídos que tenemos a nuestro alrededor, los pobres, los enfermos, en definitiva, los más necesitados de la misericordia de Dios.

Con la reflexión y oración de miércoles Santo aprendemos a confiar totalmente en Dios. Pidamos al Señor entregarnos siempre a su infinita misericordia.

Oración:

Mi Dios, mi Señor y mi Todo, te agradezco porque sé que estas pronto a escucharme, a dar tu Gracia y Misericordia en todo tiempo. Permite que siempre camine por el camino angosto de la salvación. Nos dejamos guiar por tu Palabra, en la cual encontramos paciencia y consuelo para no desesperar ante los descampados de la vida. Amén.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

MEDITAMOS EN SILENCIO…


 

Hebreos 12, 2

“Mantener la Mirada fija en Jesús, autor y consumador de nuestra fe. Por el gozo puesto delante de él, soportó la Cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

 

REFLEXIÓN:

Este versículo refleja la actitud del siervo de Isaías 50:7, que enfrenta el sufrimiento con determinación, confiando en Dios.

Oración:

Oh Señor, necesito de tu fuerza y de Tu amor para poder realizar las cosas bien. No quiero fiarme por lógica del mundo, sino que quiero sentirte, palparte y encontrarte en cada situación que a diario me regalas. Quiero desprenderme de ese materialismo mundano que me lleva por los caminos de mi propia vanagloria, un camino lleno de egoísmo y soberbia que poco a poco me distancia de la felicidad que quieres darme. Amén.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…


MEDITAMOS EN SILENCIO


 

Mateo 26, 14-16

14.Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes

15.y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata.

16.Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

 

REFLEXIÓN

Estos versículos del Evangelio nos invitan a meditar cómo es nuestra relación con Dios. Es una enseñanza profunda, no buscar bienes mundanos y reconocer que el pecado nos separa de Dios. Estas Palabras nos ponen en alerta para no caer en lo mundano y no traicionar a Dios.

Oración:

No permitas que mi apego a los bienes y la búsqueda de triunfos mundanos sean las 30 monedas de plata por las que yo pretenda cambiarte. Te pido que sanes mi corazón de esas malas inclinaciones. Amén.

No quiero contarme entre los traidores que han antepuesto sus logros y éxitos personales antes que servirte y amarte por sobre todas las cosas. Amén.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…


 

Mateo 26

24.El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!»

25.Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: «¿Seré yo acaso, Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.»

 

REFLEXIÓN

En nuestra sociedad también nuestra fe es sometida a pruebas que parecen imposibles de superar, tenemos miedo y dudamos de Dios. Debemos ser capaces de dar el paso y confiar en Dios más allá de todas nuestras dificultades, pues Él nunca ha dejado de estar entre nosotros.

Oración:

Jesús, que todo lo das por nosotros.
Perdónanos cuando nuestro corazón actúa como el de Judas.
Perdón por las veces que entregamos tu amor más puro por 30 monedas.
Perdón por las veces que dudamos de tu misericordia.
Perdón por mis oídos desatentos.
Perdón por aquellas acciones que lastiman.
Perdón por ser tantas veces Judas.
Perdón por ser ese amigo que te traiciona.

Jesús, que en este día pueda aprender a mirarte con los mismos ojos que vos me miras.
Jesús, no me dejes ser como Judas que te entregó.
Jesús, recuérdame siempre que esas 30 monedas no tienen valor en tu reino.

Amén.

 

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

 

MEDITAMOS EN SILENCIO

 

Mateo 15

7.¡Qué bien salvan las apariencias! Con justa razón profetizó Isaías de ustedes, cuando dijo:

8.Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

9.El culto que me rinden no sirve de nada, las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres.»

10.Luego Jesús mandó acercarse a la gente y les dijo: «Escuchen y entiendan:

11.Lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca.»

 

REFLEXION

Estamos a las puertas de celebrar el misterio de la Pascua del Señor. Junto a la admiracion contemplativa de su entrega en la Cruz, podemos aprender su lección: espejarnos en el Sirervo de Isaías y en especial en Jesús, que cumple en plenitur el anuncio.

¿Somos buenos oyentes de la Palabra? ¿tenemos el oido agudo para escuchar la voz de Dios? ¿somos discipulos antes de creenos como maestros?

Oración:

Librame de la aspereza y dureza del corazon,

Que seas Tú mi primera prioridad. Confio en la certeza de tu Palabra de que si te elijo centro de mi vida todo lo demas se me dara por añadidura. Toda mi vida te la encomiendo a tu presencia porque a traves de ella quedan pulverizadas mis inseguridades. Confio en tu gracia santificante. Amen.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

MEDITAMOS EN SILENCIO

 

Mateo 26

29.Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»

30.Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

31.Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño .

 

REFLEXIÓN

Recemos todos juntos en esta semana santa para enriquecer nuestro espíritu y llenarnos del amor de Dios.

Este miércoles santo es una llamada de alerta para estar atento a nuestras acciones y corregirnos a la Luz de la Palabra de Dios.

Oración:

Dios nuestro, en esta Semana Santa te pedimos que nos concedas la gracia de vivir estos días con profunda devoción, contemplando y reflexionando sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de tu Hijo Jesucristo. Que cada paso de su camino hacia la Cruz nos recuerde tu amor incondicional por nosotros y nos lleve a renovar nuestro compromiso de seguir sus enseñanzas para alcanzar la salvación. Amén.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

MEDITAMOS EN SILENCIO


Oración:

Dios nuestro, que en esta Semana Santa podamos unirnos más estrechamente al sufrimiento de tu Hijo Jesucristo, comprendiendo su sacrificio redentor, y encontrar en Él la fuerza para enfrentar nuestras propias cruces de la vida. Ayúdanos, no sólo a recordar la Pasión de nuestro Señor, sino también a vivirla, entregando la vida en el servicio a los demás y en la obediencia a tu voluntad. Amén.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

 

Oración:

Dios nuestro, ayúdanos a que esta Semana Santa sea un verdadero tiempo de crecimiento espiritual. Y que al llegar a la Pascua sepamos vivir y contagiar la alegría de la Resurrección, llenos de esperanza en la vida eterna que nos has prometido. Que sea un tiempo de renovación espiritual, donde podamos experimentar tu amor de manera más profunda y compartirlo con todos los que nos rodean. Amén.

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…

Oración final:

 “Señor, ayúdanos a reconocer nuestras propias debilidades y a no caer en la tentación del mal. Danos la fuerza para seguir tus enseñanzas y el coraje para defender nuestra fe, incluso en momentos difíciles”.

“Te doy gracias, Señor, especialmente por este momento de encuentro contigo. Quiero escuchar tu Palabra y seguirte con fidelidad por el camino de santidad al que me invitas. Ayúdame a ser dócil al Plan del Padre como Tú me enseñas a serlo. Amén".

Padre Nuestro…

Ave María…

Gloria…


ORACION AL ESPIRITU SANTO

Cardenal Verdier

 

Oh Espíritu Santo,

Amor del Padre, y del Hijo,

 

Inspírame siempre

lo que debo pensar,

lo que debo decir,

cómo debo decirlo,

lo que debo callar,

cómo debo actuar,

lo que debo hacer,

para gloria de Dios,

bien de las almas

y mi propia Santificación.

 

Espíritu Santo,

Dame agudeza para entender,

capacidad para retener,

método y facultad para aprender,

sutileza para interpretar,

gracia y eficacia para hablar.

 

Dame acierto al empezar

dirección al progresar

y perfección al acabar.

Amén.

 

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

(de San Agustín)

 

Espíritu Santo, inspíranos, para que pensemos santamente.

Espíritu Santo, incítanos, para que obremos santamente.

Espíritu Santo, atráenos, para que amemos las cosas santas.

Espíritu Santo, fortalécenos, para que defendamos las cosas santas.

Espíritu Santo, ayúdanos, para que no perdamos nunca las cosas santas.

VEN, ESPÍRITU CREADOR

Rezada a diario por el Papa JPII *

 

Ven, Espíritu Creador,

visita las almas de tus fíeles

y llena de la divina gracia los corazones,

que Tú mismo creaste.

 

Tú eres nuestro Consolador,

don de Dios Altísimo,

fuente viva, fuego, caridad

y espiritual unción.

 

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;

Tú, el dedo de la mano de Dios;

Tú, el prometido del Padre;

Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

 

Enciende con tu luz nuestros sentidos;

infunde tu amor en nuestros corazones;

y, con tu perpetuo auxilio,

fortalece nuestra débil carne,

 

Aleja de nosotros al enemigo,

danos pronto la paz,

sé Tú mismo nuestro guía,

y puestos bajo tu dirección,

evitaremos todo lo nocivo.

 

Por Ti conozcamos al Padre,

y también al Hijo;

y que en Ti, Espíritu de entrambos,

creamos en todo tiempo.,

 

Gloria a Dios Padre,

y al Hijo que resucitó,

y al Espíritu Consolador,

por los siglos infinitos. Amén.

 

V. Envía tu Espíritu y serán creados.

R. Y renovarás la faz de la tierra.

 

Oremos.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.

 

Por Jesucristo Nuestro Señor.

R. Amén.