Uno de los grandes santos de
la Iglesia Católica es, sin lugar a dudas, San Agustín de Hipona. El santo
africano que nos relata sus luchas internas y nos describe cómo pasó de una
vida mundana a entregarse por completo a Nuestro Salvador. En estas breves
líneas veremos la importancia de su bautismo, su vivencia y su entrega.
¡Tarde te amé, hermosura
tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo, pero
yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y
quebraste mi sortera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiraré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.
Agustín
de Hipona
Las
Confesiones
San Agustín no se
cansó nunca de meditar en el milagro de su conversión y la expresó de diversas
maneras y estilos.
El 24 de abril
celebramos la llamada conversión de San Agustín, es el día de su bautismo y es
uno de los momentos más impactantes de la vida del santo obispo de Hipona.
Agustín se da cuenta
de lo que supone Dios en su vida y expresa su famosa frase: “Tarde te amé…”,
tal como lo narra en las Confesiones.
Desde ese momento
descubrió que Dios es el principio y fin, es el sentido de toda su vida, su
referente y guía en su peregrinar.
Tal como él mismo lo relata
en Las Confesiones, tardó en amar a
Dios y en descubrir su infinito amor. Agustín se retiró a Casiciaco para
reflexionar y preparar su alma para comenzar a caminar con Cristo.
Rendido al Señor, Agustín
fue bautizado por San Ambrosio obispo de Milán durante la Vigilia
Pascual del año 387, en la noche del 24 al 25 de abril. El 24 de abril, el
mismo día en que en el calendario agustiniano se conmemora la conversión de san
Agustín. Se dice ‘conversión’, pero sería más claro decir que es el aniversario
del bautismo del santo.
Una descripción alegórica:
En el texto 208 De
catech. rud. XX 34 (PL 40,335):
Agustín nos da UNA DESCRIPCIÓN ALEGÓRICA. Nos habla de tres
cuestiones:
En primer lugar, nos habla de
avanzar: avanzar en la confesión, y
decir al Señor: Santo, Santo, Santo: en tu nombre fuimos bautizados. En segundo lugar, la Creación: creó en su Cristo el
cielo y la tierra, es decir, los espirituales y carnales de tu Iglesia; y
nuestra tierra. El Catecismo nos
enseña que la creación del hombre fue la cumbre de la creación,
porque está hecho a imagen de Dios. De todas las criaturas
visibles, sólo el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador. Él es “la
única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí
misma” (CIC, núm. 356). En tercer lugar, Agustín nos describe el cambio de las tinieblas a la luz: …tu misericordia no abandonó nuestra miseria, y dijiste: Hágase la
luz; haced penitencia, porque se acerca el reino de Dios (Mt 3,2), …y nos desagradaron nuestras tinieblas y nos convertimos a ti, y se
hizo la luz. Y ved cómo fuimos un tiempo tinieblas, mas ahora somos luz en
el Señor.
Los catecúmenos:
El catecúmeno es la persona que se está instruyendo en la doctrina o fe
católica, con el fin de recibir el Bautismo. El catecúmeno desea recibir el
bautismo y se hace instruir, se deja instruir par tal acontecimiento.
La gran
fiesta de la Pascua cristiana era este cambio espiritual de los catecúmenos. «He aquí
nuestra alegría, hermanos; ¡la alegría de veros reunidos! la alegría de los
salmos e himnos, la alegría en la memoria de la pasión y resurrección de
Cristo, la alegría en la esperanza de la resurrección. Si tanto GOZO nos trae
la esperanza, ¿qué será la realidad?»
La Pascua: Doble
resurrección: En tiempos de Agustín, lo que se celebraba en la Pascua era la doble
resurrección: la gloriosa de Cristo después de su muerte y la no menos gloriosa
de las almas que triunfaban de la muerte del pecado y resucitaban para Dios
Sermón sobre Lázaro:
San Agustín tiene un célebre sermón sobre la resurrección de Lázaro,
sermón que está lleno de luces de su propia experiencia, pasar de una vida sin
Cristo, a la resurrección y la vida eterna en Cristo Jesús.
¿Por qué se bautizó Agustín en Vísperas de Pascuas?
No lo eligió él; ni siquiera se lo planteó. En la
Iglesia antigua sólo había una
fecha para los bautismos, que era la noche de Pascua, y el año 387 la Pascua coincidió el día 24 de abril. Es una fecha que parte la vida de
Agustín en dos. Él y los
que se bautizaron con él, su hijo Adeodato y su amigo
Alipio, habían tenido que interrumpir la estancia en Casiciaco,
donde estaban descansando. Comenzaba la cuaresma, que era el tiempo en que se
daba la catequesis a los que se iban a bautizar. Durante los meses de marzo y
abril debieron de asistir puntualmente a las charlas que les impartía el propio obispo, Ambrosio. Se aprendieron de
memoria el padrenuestro y el símbolo de la fe, el credo. Se
dedicaron con intensidad a la oración,
pidieron la oración de los demás, estudiaron, ayunaron, se mortificaron.
El bautismo de adultos era el más común, en los
primeros siglos del cristianismo, lo cual implicaba una conversión del
paganismo o de las filosofías que circulaban en el Imperio Romano.
A quienes deseaban ser cristianos, las
comunidades los sometían a varias pruebas y períodos de discernimiento o
aprendizaje. Al inicio podían participar
en las reuniones de la comunidad cristiana con un miembro de ella que se
convertía en una especie de padrino.
El catecumenado era pues una prueba y una
precaución que se había juzgado necesaria para no admitir en la sociedad
cristiana sujetos mal instruidos, poco firmes y capaces de abandonar su fe. La
duración de esta prueba no fue siempre la misma en todos los tiempos ni en
todos los lugares.
¿Por qué hablamos de Conversión?:
En el caso de San Agustín la conversión, paulatina
lo llevan al bautismo, término y culmine de su conversión, bautismo que
recibió en la aurora de la Pascua, que en el año 387 cayó el 24 de abril.
¿Qué
recibió Agustín en la vigilia pascual del año 387?
Recibe los sacramentos: en la vigilia pascual, recibió de manos de San Ambrosio los
sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía.
La Gracia: Entonces
se hizo realmente espiritual con la gracia del Espíritu Santo, porque se
hizo cristiano, hombre nuevo, cambiado por la fe y el sacramento.
Transformación por la fe: «Vos me perdonasteis mis maldades pasadas, cubriéndolas con vuestra
indulgencia para hacerme feliz en Vos, transformando mi alma con la fe y con
vuestro sacramento»
El perdón de los pecados: En su bautismo llegó a la última transformación por el perdón de los
pecados y el revestimiento de la gracia divina.
