domingo, 30 de marzo de 2025

Mateo 6, 9-15

 

 El Padre Nuestro




 Continuamos nuestra reflexión acerca del modo correcto de orar y en esta ocasión, nos abocaremos en el capítulo 6 de San Mateo, veremos los versículos en dónde se describe el Padre Nuestro.

 

9.«Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre”;

 

En primer lugar, decimos: Padre nuestro que estas en los cielos”.

De este modo, reconocemos que Dios Padre está en los cielos y reconoce la forma correcta de a quien oramos, vemos una relación privilegiada llamando Padre a nuestro Dios, esto para los judíos de aquellos tiempos era algo inusual porque era considerado algo demasiando íntimo. Ciertamente es verdad que Dios es el Todopoderoso, el soberano el Creador, quien gobierna y juzga todas las cosas, pero además es nuestro Padre, es nuestro Padre que está en los cielos y, al decir que está en los cielos reconocemos la gloria y santidad de Dios.

 

Jesús dice “Padre Nuestro”, es decir que es una oración enfocada en comunión, es una oración social, como seres humanos entramos a la presencia del Padre como parte de esa gran familia.

 

En un segundo lugar decimos: “Santificado sea tu nombre.”: Vemos que la forma correcta de orar tiene una pasión particular por dar gloria a Dios. Santificar a Dios, a su Reino y a su Voluntad son prioritarios. Debemos poner el Nombre, el Reino y la Voluntad de Dios en primer lugar, en vez de ceder a la tendencia mundana de proteger y promover nuestro propio nombre en primer lugar.

Lo que se nos pide es que oremos con el deseo que se haga la voluntad de Dios tanto en el cielo como en la tierra.

 

10. “venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo”.

 

Tenemos que orar con el deseo que la Voluntad de Dios sea hecha en la tierra como en el cielo, pues en la tierra somos desobedientes, hay obstáculos aparentes para la Voluntad de Dios. Los cristianos queremos ver la Voluntad de Dios en el cielo y en la tierra.

Siempre pedimos que se haga la voluntad de Dios, que es perfecta.

Fue Jesús quien nos enseñó esta oración y la aplicó para Él mismo de un modo estricto, pues cuando estaba en la Cruz, golpeado, flagelado, crucificado, inclinó la cabeza, fue el mismo Jesús angustiado y todo el temor y temblor en Getsemaní, fue puesto sobre Él, el mismo Jesús Hijo del Padre, no disputó no discrepó la Voluntad del Padre, por el contrario, inclinó su cabeza y lloró, fue el mismo Jesús quien después de pedir “si es posible pasa de mí esta cáliz” dice: “que no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Jesús no disputó el decreto del Padre, sino que, aceptó la Voluntad del Padre.

Nosotros también podemos decir “Hágase tu voluntad”, pero de diferentes maneras:

-podemos pensar con fatalismo y resentimiento acerca de la voluntad de Dios, no nos gusta y aceptamos con dolor.

-podemos decir esta frase con un corazón lleno de amor y con fianza hacia Dios, dando por sentado que, la voluntad divina es lo mejor para nosotros.

 

11.Nuestro pan cotidiano dánosle hoy:

 

Si oramos en forma correcta, esto traerá nuestras propias necesidades a Dios, sean las necesidades de provisión diaria, la necesidad de perdón, y la fuerza contra la tentación, porque a Dios le importan todas nuestras necesidades cotidianas y deberíamos orar por ellas, la oración es para nuestras necesidades, es un día a la vez. Oramos para unirnos y apelar a un Dios amoroso quien quiere que llevemos cada necesidad y preocupación ante Su trono.

 

 

12.y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores

 

Nuestros muchos pecados son representados como una forma de deuda. Sabemos que nuestros pecados son muchos, por ello decimos “nuestras deudas”.

Dios nos dio una ley por la cual caminar por esta vida, y si hacemos algo que no intente glorificar a Dios, se produce una deuda en contra de la Justicia Divina. Somos seres limitados, fallamos, una y otra vez, y la misericordia divina está esperando nuestro arrepentimiento y nuestra voluntad de enmienda.

 

13.y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.

 

Aceptamos que la tentación existe y lo que pedimos es no caer en ella. Lo La tentación significa literalmente una prueba, no siempre es una solicitud a hacer algo malo.

No nos dice que desaparecerá de nuestra vida la tentación, no nos dice que pidamos que no aparezca en nuestra vida, lo que nos enseña es a pedir que no caigamos en la tentación.

Nunca nos gloriamos de nuestras propias fuerzas que son limitadas, nunca hay que creer que todo lo podemos, nunca hay que caer en la soberbia y nunca debemos guiar a otros a la tentación, ser quienes les proveen a los demás los motivos necesarios que los lleve a caer en la tentación.

 

14.«Que, si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial

 

Vemos la importancia del perdón en nuestra vida. Creemos que perdonar es una cuestión de sentimiento, pero en verdad es una opción que va más allá de lo que sentimos.

No podemos pedir a Dios perdón, cuando nosotros somos incapaces más allá de nuestras heridas por las ofensas recibidas de perdonar a los demás.

 

15.pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

 

 

Nos muestra esta parte de la oración la importancia del perdón. Si nosotros perdonamos a los hombres sus ofensas, Dios Padre también nos perdonará a nosotros nuestras ofensas. No debemos aferrarnos amargamente a la amargura que podemos sentir hacia quienes nos ofendieron. Debemos ir más allá de las heridas recibidas. Nuestros ojos y nuestro entendimiento, una vez que ven las ofensas que nosotros mismos cometemos contra Dios, hacen que esas heridas recibidas por parte de los demás sean insignificantes.

Jesús mucho nos dice del tema del perdón, el perdón es imperativo, no una opción.

 

 

Es importante destacar el tema del perdón que, trataremos en otros artículos.

sábado, 22 de marzo de 2025

San Mateo 6, 5-8: modos correctos de orar

 



Modos correctos de orar



 Ya al comentar el Evangelio según San Mateo 6, 1-4, habíamos destacado la importancia de dar, y de dar correctamente.

 

En esta ocasión siguiendo al evangelista, nos abocaremos en la práctica de orar de modo correcto, buscando la comunión privada con Dios y confiando en Su conocimiento y providencia.

 

¿Cuál es la manera correcta y la manera incorrecta de orar? ¿Cómo podemos experimentar la paz y la alegría profundas que provienen de una vida de oración vibrante?

 

Veamos en esta ocasión el Evangelio según San Mateo, capítulo 6 versículos 5 al 8.

 

 

5.«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga”.

 

 

En este versículo vemos ejemplos de las maneras equivocadas y las maneras correctas de orar.

En primer lugar, nos dice: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas”. Tanto como hemos visto en Mateo 6, 1-4 la importancia de dar, Jesús asumía que sus discípulos darían, así que les dijo prontamente que dieran, y también Nuestro Señor asumía que sus discípulos oraban, y era importante que no oraren de la misma manera que los hipócritas porque los hipócritas amaban orar de pie en las sinagogas y en las esquinas. Debemos recordar que, en aquellos tiempos de Jesús, había dos lugares principales en donde el judío podía puede orar de manera hipócrita. Podían orar en la sinagoga en la hora de la oración publica, o en las esquinas en las horas señaladas a la oración.

En segundo lugar, nos dice: “Para ser vistos por los hombres”: Estos hipócritas no oraban para ser vistos por Dios, sino para ser vistos por los hombres, querían que todos los consideraran personas piadosas, hombres que cumplen con la ley. Esta es una falta común en la oración pública también en nuestros días, pues muchas personas orar de hoy, cuando la gente ora para impresionar a otros en vez de derramar genuinamente sus corazones ante Dios. Tales oraciones simplemente utilizan a Dios como herramienta, como instrumento para impresionar a otros.

Luego leemos en el Evangelio: “Ya tienen su recompensa”: Nuevamente, aquellos que oran para ser vistos por los hombres ya tienen su recompensa, y deben de disfrutarla por completo porque eso es todo lo que recibirán. No hay recompense en los cielos para dichas oraciones.

 

6. “Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

 

 

Luego nos dice: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento”: Debemos de encontrar a Dios en nuestro aposento, ese lugar privado donde no podemos impresionar a nadie más que a Dios. Destacamos que, la palabra “aposento” era usada en el idioma griego para hablar de aquel lugar donde se guardaban los tesoros. En ese lugar secreto donde nos aguardan los tesoros es donde debemos orar, siempre nuestras oraciones deben ser dirigidas a Dios. Si bien es importante la oración con toda la asamblea, no debemos descuidar nuestra oración personal en privado con Dios.

 

7. “Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados”

 

Comienza Jesús a indicarnos la manera correcta de orar.

 

En primer lugar, vemos que la manera correcta de orar no usa vanas repeticiones, no hay que usar palabras sin significado, debemos orar con la mente y el corazón no con la boca repitiendo vanamente palabras vacías de sentido.

Si bien muchos rabinos decían que cuando los justos hacen su oración larga, esa oración es escuchada. Pero muchas veces uno puede orar de manera larga, pero para el bien equivocado, Dios no es impresionado por la longitud de la oración o por la elocuencia de nuestras oraciones, sino lo importante es el corazón, por eso decimos que la oración requiere más del corazón que de la lengua.

 

La elocuencia de la oración consiste en el fervor del deseo y de la fe simple.

Tal vez cuando intentamos sorprender a Dios o a los demás hermanos con muchas palabras, estamos negando la grandeza de Dios, para ello debemos pensar en el consejo que en el libro del Eclesiastés 5, 2 nos da: “Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras”.

 

Nuestra oración como cristianos es medida por el peso, y no por la longitud. Muchas oraciones pueden ser cortas pero fuertes.

Es importante no hablar solo por hablar, serían las vanas repeticiones.

 

8. “No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo”.

En este versículo nos dice que Dios Padre sabe de qué cosas tenemos necesidad antes de que las pidamos.

 

Simplemente oramos para unirnos y apelar a un Dios amoroso que quiere que le llevemos cada una de nuestras necesidades y preocupaciones.

 

No oramos a modo de informar a Dios de aquello que nos aqueja, de aquellos a lo que aspiramos, sino para reconocer nuestra miseria y su Grandeza, para levantar nuestro corazón al cielo, hacia Dios.

 

A modo de conclusión:

 

Jesús da a sus discípulos una oración marcada por una relación unida, una relación de reverencia, sumisión, dependencia y confianza. A medida que nos esforzamos por implementar estos principios en nuestras vidas diarias, que podamos crecer en nuestra comprensión de la oración como una práctica vital y vivificante. Busquemos cultivar una relación más profunda con nuestro Padre, confiados en Su amor y provisión, y comprometidos a alinear nuestros corazones con Su voluntad.

 

San Mateo nos ofrece en su Evangelio una guía atemporal sobre la práctica de la oración y enfatiza la importancia de la sinceridad y de la humildad tanto como la confianza en nuestra relación con Dios.

 

En estos versículos Nuestro Señor Jesucristo nos enseña que orar no se trata de apariencias externas o de palabras largas, sino que orar es una fuerte y genuina conexión con nuestro Padre Celestial.

 

Luego en los siguientes versículos Jesús nos dice cuál es la forma correcta de orar. Nos da una explicación memorable de la manera correcta de orar.

 

Jesús nos da un modelo de oración que conocemos como el Padre Nuestro, pero estos versículos siguientes necesitan ser tratados en otro artículo.

sábado, 15 de marzo de 2025

San Mateo 6, 1-4: Dar

 


Maneras correctas de dar



Hay tres disciplinas espirituales requeridas para la práctica de la piedad personal: dar, orar y ayunar.

En tiempos cuaresmales se hacen presentes vivamente las prácticas espirituales.

En esta ocasión nos abocaremos en la práctica de dar.

 

¿Pero qué nos dicen los Evangelios acerca de estas prácticas? Y ¿Cuáles son las formas correctas e incorrectas de dar?

 

Veamos en esta ocasión el Evangelio según San Mateo capítulo 6, 1-4:

 

1.«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

 

En primer lugar, vemos la importancia de hacer el bien para agradar a Dios: no debemos hacer el bien para agradar a los demás o para aquietar nuestra consciencia, simplemente debemos hacer el bien por amor a Dios.

 

Leemos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos”.

 

También aquí, encontramos una advertencia de Jesús quien nos dice que no hay que hacer el bien para ser vistos por los demás, ya que hacer justicia delante de los hombres para ser vistos, no trae recompensa divina. Lo que Jesús nos advierte es que no hagamos justicia delante de los otros hombres simplemente para que nos vean y nos consideren personas justas, más bien tenemos que hacer cosas justas, cosas buenas para Gloria de Dios. No debemos hacer cosas buenas simplemente por el bien de nuestra propia imagen o exposición pública.

Jesús en este versículo nos demuestra el peligro de cultivar una imagen de justicia, es decir que, aunque los cristianos estamos llamados a ser vistos haciendo obras buenas (Mateo 5, 16), no debemos hacer cosas buenas simplemente para ser vistos.

 

En segundo lugar, cuando nos dice “de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”, nos está advirtiendo acerca de no buscar recompensa en este mundo, no buscar el aplauso, el alago de los otros.

Es casi imposible como seres humanos, hacer cosas espirituales enfrente de otros sin pensar en cuál será su opinión que ellos tienen de nosotros mientras hacemos estas cosas, y si ellos estarán pensando mejor o peor de nosotros mientras hacemos lo que hacemos. La cuestión es qué si cuando hacemos buenas obras por la atención y aplauso del hombre, esta atención y aplauso es nuestra recompensa. Por eso Jesús nos advierte que es mejor recibir una recompensa del Padre que está en los cielos, pues a Dios le importa cómo hacemos las buenas obras, y con qué motivo las hacemos.

 

2.Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.

 

En estos versículos, Jesús nos habla de las formas correctas e incorrectas de dar.

 

Era una costumbre en tiempos antiguos tocar trompeta, tanto para cuando se hacían regalos como para llamar la atención cuando alguien realizaba sus donaciones, de este modo, la persona era reconocida como generosa, era una oportunidad dorada para la ostentación. Hoy en día, aunque no se tocan trompetas, hay modos modernos de proyectar la imagen de generosidad de una persona, y así, seguimos llamando la atención de los demás cuando hacemos donaciones.

 

Cuando, pues, damos limosna, no hay que tocar trompeta para ser alabados por los hombres, porque no es esa la recompensa que debemos buscar.

 

Llamaba hipócritas a aquellas personas que actuaban falsamente, vivían actuando una realidad que no era tal, gente con un doble standard, eran personas que simplemente eran actores, realizaban una actuación: actuaban de gente piadosa y santa cuando en verdad no lo eran, y utilizaban el mundo como su propio escenario.

 

Jesús les dice a aquellos que dan simplemente para recibir el aplauso de los demás, les dice que disfruten de ese aplauso porque es la única recompensa que tendrán, ese es su pago completo, pues no habrá recompensa en el cielo para el que lo hizo por el motivo de recibir una recompensa en el mundo.

 

 

3.Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;

 

La idea de hacer obras caritativas, dar limosna y ser justo era la misma cosa para el pueblo judío; se obtiene merito delante de Dios y expiación por los antiguos pecados.

Pero debemos hacer correctamente esas obras: Debemos ocultar nuestras donaciones de la mirada de todos, hacer que nuestra limosna sea en lo secreto, así nuestro Padre que todo lo ve, nos recompensará.

 

Por eso cuando dice: “No sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”: nos está diciendo que nuestro dar debe de ser – si es posible – hasta oculto de nosotros mismos.

Aunque no podemos ser ignorantes de nuestras propias donaciones, podemos negarnos de hacer cualquier autocomplacencia indulgente, por eso es conveniente mantener nuestros actos tan secretos que se hago difícil para nosotros darnos cuenta que estamos haciendo un bien elogiable.

Solo Dios debe ser nuestra audiencia.

 

4.así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

 

No debemos dar para nuestra propia gloria se enteren los demás o no se enteren, pues si damos simplemente por nuestra propia gloria no tendremos recompensa de Dios, en cambio, si damos para la Gloria de Dios, no importa quién o cómo se enteren, porque estamos dando por el motivo correcto.

 

Es el propio Jesús quien destaca la importancia, el gran valor de hacer buenas obrar para la Gloria de Dios. Es mucho mejor recibir nuestra recompensa de Dios, quien recompensa mucho más generosamente y en públicamente que los hombres.

 

Dios ve en lo secreto, Él no solo ve nuestras acciones sino el motivo que nos guio a hacer las cosas.

Las cosas hechas de modo correcto ciertamente serán recompensadas siempre.

 

Por eso es importante en el momento de dar, hacerlo con alegría, no esperar el aplauso de los otros, los halagos, las palabras bonitas y muchas veces engañosas, también hay que evitar auto-aplaudirnos cuando damos, cuando ofrecemos limosna, no creer que somos buenos o generosos al dar al necesitado o diezmar en el Templo, simplemente lo tenemos que hacer por amor a Dios que es todo y para todos.

 

Esta breve reflexión se propone reflexionar acerca de nuestra postura respecto a nuestra relación con la divinidad, con nuestra propia forma de pensar sobre nosotros mismos y nuestra propia humildad.