El Padre Nuestro
Continuamos nuestra reflexión acerca del modo correcto de orar y en esta ocasión, nos abocaremos en el capítulo 6 de San Mateo, veremos los versículos en dónde se describe el Padre Nuestro.
9.«Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro
que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre”;
En primer
lugar, decimos: “Padre
nuestro que estas en los cielos”.
De este modo,
reconocemos que Dios Padre está en los cielos y reconoce la forma correcta de a
quien oramos, vemos una relación privilegiada llamando Padre a nuestro Dios,
esto para los judíos de aquellos tiempos era algo inusual porque era
considerado algo demasiando íntimo. Ciertamente es verdad que Dios es el
Todopoderoso, el soberano el Creador, quien gobierna y juzga todas las cosas,
pero además es nuestro Padre, es nuestro Padre que está en los cielos y, al
decir que está en los cielos reconocemos la gloria y santidad de Dios.
Jesús dice “Padre Nuestro”, es decir que es una
oración enfocada en comunión, es una oración social, como seres humanos
entramos a la presencia del Padre como parte de esa gran familia.
En un segundo lugar
decimos: “Santificado sea tu nombre.”: Vemos que la forma
correcta de orar tiene una pasión particular por dar gloria a Dios. Santificar
a Dios, a su Reino y a su Voluntad son prioritarios. Debemos poner el Nombre,
el Reino y la Voluntad de Dios en primer lugar, en vez de ceder a la tendencia
mundana de proteger y promover nuestro propio nombre en primer lugar.
Lo que se nos pide es que
oremos con el deseo que se haga la voluntad de Dios tanto en el cielo como en
la tierra.
10. “venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en
la tierra como en el cielo”.
Tenemos que orar con el
deseo que la Voluntad de Dios sea hecha en la tierra como en el cielo, pues en
la tierra somos desobedientes, hay obstáculos aparentes para la Voluntad de
Dios. Los cristianos queremos ver la Voluntad de Dios en el cielo y en la
tierra.
Siempre pedimos que se haga
la voluntad de Dios, que es perfecta.
Fue Jesús quien nos
enseñó esta oración y la aplicó para Él mismo de un modo estricto, pues cuando
estaba en la Cruz, golpeado, flagelado, crucificado, inclinó la cabeza, fue el
mismo Jesús angustiado y todo el temor y temblor en Getsemaní, fue puesto sobre
Él, el mismo Jesús Hijo del Padre, no disputó no discrepó la Voluntad del
Padre, por el contrario, inclinó su cabeza y lloró, fue el mismo Jesús quien
después de pedir “si es posible pasa de mí esta cáliz” dice: “que no se haga mi
voluntad sino la tuya”.
Jesús no disputó el
decreto del Padre, sino que, aceptó la Voluntad del Padre.
Nosotros también podemos
decir “Hágase tu voluntad”, pero de diferentes maneras:
-podemos pensar con
fatalismo y resentimiento acerca de la voluntad de Dios, no nos gusta y
aceptamos con dolor.
-podemos decir esta frase
con un corazón lleno de amor y con fianza hacia Dios, dando por sentado que, la
voluntad divina es lo mejor para nosotros.
11.Nuestro pan cotidiano dánosle hoy:
Si oramos en forma correcta, esto traerá nuestras propias necesidades a
Dios, sean las necesidades de provisión diaria, la necesidad de perdón, y la
fuerza contra la tentación, porque a Dios le importan todas nuestras
necesidades cotidianas y deberíamos orar por ellas, la oración es para nuestras
necesidades, es un día a la vez. Oramos para unirnos y apelar a un Dios amoroso quien quiere que llevemos
cada necesidad y preocupación ante Su trono.
12.y perdónanos nuestras deudas, así como
nosotros hemos perdonado a nuestros deudores
Nuestros muchos
pecados son representados como una forma de deuda. Sabemos que nuestros pecados
son muchos, por ello decimos “nuestras deudas”.
Dios nos dio una
ley por la cual caminar por esta vida, y si hacemos algo que no intente
glorificar a Dios, se produce una deuda en contra de la Justicia Divina. Somos
seres limitados, fallamos, una y otra vez, y la misericordia divina está
esperando nuestro arrepentimiento y nuestra voluntad de enmienda.
13.y no nos dejes caer en tentación, mas
líbranos del mal.
Aceptamos que la tentación existe y lo
que pedimos es no caer en ella. Lo La tentación significa literalmente una
prueba, no siempre es una solicitud a hacer algo malo.
No nos dice que desaparecerá de nuestra
vida la tentación, no nos dice que pidamos que no aparezca en nuestra vida, lo
que nos enseña es a pedir que no caigamos en la tentación.
Nunca nos gloriamos de nuestras propias
fuerzas que son limitadas, nunca hay que creer que todo lo podemos, nunca hay
que caer en la soberbia y nunca debemos guiar a otros a la tentación, ser
quienes les proveen a los demás los motivos necesarios que los lleve a caer en
la tentación.
14.«Que, si vosotros perdonáis a los hombres
sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial
Vemos la
importancia del perdón en nuestra vida. Creemos que perdonar es una cuestión de
sentimiento, pero en verdad es una opción que va más allá de lo que sentimos.
No podemos
pedir a Dios perdón, cuando nosotros somos incapaces más allá de nuestras
heridas por las ofensas recibidas de perdonar a los demás.
15.pero si no perdonáis a los hombres, tampoco
vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
Nos muestra esta
parte de la oración la importancia del perdón. Si nosotros perdonamos a los
hombres sus ofensas, Dios Padre también nos perdonará a nosotros nuestras ofensas.
No debemos aferrarnos amargamente a la amargura que podemos sentir hacia
quienes nos ofendieron. Debemos ir más allá de las heridas recibidas. Nuestros
ojos y nuestro entendimiento, una vez que ven las ofensas que nosotros mismos
cometemos contra Dios, hacen que esas heridas recibidas por parte de los demás
sean insignificantes.
Jesús mucho nos
dice del tema del perdón, el perdón es imperativo, no una opción.
Es importante destacar el tema del perdón
que, trataremos en otros artículos.