sábado, 17 de marzo de 2018

sábado, 10 de marzo de 2018

La salvación: segunda parte





Nuevas quimeras

La necesidad de obtener algo de tranquilidad mental es un viejo tema que preocupó a la humanidad desde todos los tiempos, es lo que nos lleva a colocar, en la propuesta actual, nuestro principal objetivo: el preocupante tema  de la tranquilidad mental es un estado en el que el hombre deja de referirse y agarrarse a esa imagen ilusoria, se ha convertido en estos días en un vasto comercio a la hora de vender miles de  horas de televisión, cintas de vídeos, nuevos tratamientos –de origen convencional para la ciencia  formal o de terapias alternativas-, de esos tratamientos podemos partir para verificar que la lista es otra cosa que un recuento heterogéneo y sin rigor; pero todos ellos con la firme promesa de alcanzar la tan mentada tranquilidad mental. Para estas nuevas terapias el yo, es solo una ilusión. La liberación consiste en vaciarse de si mismo, en extinguir la llama que aqueja al hombre, en despertar y tomar conciencia de que simplemente abrazamos a una sombra cuando nos aferramos tan apasionadamente al “yo”. Sí bien, es necesario despertar de este engaño; de suponer que el yo todo lo puede, otra cosa es pensar que el yo no existe, en suponer que es irreal.


La tarea de la liberación, para estas terapias, consiste, pues, en ejercitarse intensamente en la practica del vacío mental, para convencerse experimentalmente de que el supuesto Yo” no existía, ni existió nunca.


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El peso de la consideración del sufrimiento como verdaderamente real, merece un tratamiento detallado, en el cual es posible recurrir a un pequeño rodeo al hablar del origen de todo dolor. Aquí insistimos que, en estas teorías así como el origen de todo dolor, entra en el error de considerar la imagen del yo como entidad real, la liberación del sufrimiento consiste en salir de ese error. Por consiguiente, extinguido el Yo, se apagan las emociones, los temores, los deseos, las ansiedades, las angustias, y nace una gran serenidad. Muerto el Yo nace la libertad.

Para las terapias fundadas bajo la luz de las doctrinas Cristianas, estos programas son equivalentes a los Principios Evangélicos: : “negarse a sí mismos”, para vivir hay que morir, como el grano de trigo: el que odia su vida la ganará. Pero para esto hay un precio que pagar: ejercitarse en la práctica del vacío mental, es una de ellas.

Este tipo de enfoque posee –como los restantes-, un recorrido riguroso, lo que se verifica tanto en su discurrir expositivo como en su concatenación en dos momentos claves. En primer lugar, quien se ha vaciado de sí mismo decimos, que es un sabio. Así, que en este último sentido, cabe recordar que si logramos vaciarnos por completo volveríamos a la infancia de la humanidad. Por otra parte, para aquel verdaderamente desposeído, el ridículo no existe; vivir es soñar, nunca el temor llamará a su puerta; nada le asusta, ni las emergencias. Su lenguaje desconoce los adjetivos posesivos y los verbos “poseer”, “pertenecer”, que son fuente de fricciones constantes. En segundo lugar, sabemos que en el interior del hombre habita el dolor. Por otra parte, no es necesario huir, sabemos como aplacar el dolor, sabemos cómo se apaga el incendio.

El hombre que ha visto cómo el temor surge de la pasión sabe que la tranquilidad de la mente se adquiere apagando la pasión, lo que obliga a tomar en consideración estos datos para advertir que los temas que van surgiendo no lo hacen al azar. Basta despertar, y tomar conciencia del error.

Lo importante es detener la actividad de la conciencia ordinaria, porque ella es una actividad centrada en el “yo”.
Por lo general, cuando la mente actúa, lo hace necesariamente alentado y engendrado el “yo” egoísta; el cual, a su vez, extiende sus brazos apropiadores, llenos de deseo de poder, de poseer, de ser de gloria, y paga el precio de este acto con temores y sobresaltos.

Quienes sostienen que el vacío de la mente instala al hombre en un mundo nuevo, en el mundo de la realidad última, -y hay quienes la practican seriamente-, pretenden que aparece algo  diverso del mundo de las apariencias en que normalmente nos movemos. El que ama su vida, la perderá; el que la odia, la ganará. Tal como reza en las Escrituras.
Reparamos en  particular, manifestado bajo el aspecto más usual, que nada desde fuera, nada desde dentro logra remecer la serenidad del sabio, que a menudo se nos ofrece en la vida. Al igual que una terrible tormenta tropical deja mojado pero inmutable a los acantilados, así, del mismo modo, los disgustos dejan impasible, al hombre sabio. No se trata de un proceso mágico sino lógico en su pensar y en su sentir. Simplemente, de esta manera, él se sitúa más allá de los vaivenes de las emociones y de las pasiones. Ni siquiera alude a esa otra variante que es conocida como los “delirios del yo”,-el cual no es privativo del sabio-, pues una vez eliminado el “yo”, el sabio adquiere plena presencia de sí, y va controlando cuanto ejecuta en su diario hacer. Bajo estas condiciones, ya aceptada por lo general, el sujeto sabio, se encuentra libre de los artilugios del yo y, por este sincero y espontáneo abandono de sí mismo y de sus cosas, el verdadero sabio, una vez libre de todas las ataduras apropiadoras del “yo”, se lanza sin impedimento en el seno profundo de la libertad, de este modo se presenta como si estuviese guiado por dictados, que implican –y eso una vez que experimentó el vacío mental-, reiteramos, por eso, una vez que ha conseguido experimentar el vacío mental, el sabio llega a vivir libre de todo temor y permanece en la estabilidad de quien está más allá de todo cambio.

Entonces cabe decir que,  así, el pobre y desposeído, al sentirse desligado de sí mismo, va entrando lentamente en las aguas tibias de la serenidad, opera aquí la humildad, la objetividad, la benignidad, la compasión y la paz. En sentido amplio, puede observarse que, nos encontramos ya en el corazón de las Bienaventuranzas.
En cambio, en el hombre artificial, esto es, el que está sometido a la tiranía del “yo”, está siempre vuelto hacia fuera, como postración singular, permite sacar a la luz esta estructura fundamental de su propio interior que obra en un territorio vasto y pretende de modo obsesionado por quedar bien, por causar buena impresión, preocupado por el “que piensan de mí”, “qué dicen de mí” ocupar un territorio más amplio aún; y, al vaivén de los avatares, sufre, teme, se estremece. La manera aguda de su comportamiento atraen grandes cataclismos interiores. La vanidad y el egoísmo atan al hombre a la existencia dolorosa, haciéndolo esclavo de los caprichos del “yo”.

Por el contrario, el hombre sabio, nos permite entender de qué forma un sujeto puede ir construyendo las condiciones para hacer efectivo  un cambio, el sabio es un ser esencialmente vuelto hacia adentro: como ya se libró de la obsesión de la imagen, porque se convenció de que el “yo” no existe, le tiene absolutamente sin cuidado todo lo que se piense o se diga en referencia a un “yo” que él sabe que no existe; vive desconectado de las preocupaciones artificiales, en una gozosa interioridad, silencioso, profundo y fecundo. Vayamos Ahora a otra postración convergente de la vida y el sentir de un hombre sabio: el hombre sabio ciertamente se mueve en el mundo de las cosas y de los acontecimientos históricos, pero su morada está en el reino de la serenidad.

El sujeto sabio puede desarrolla actividades exteriores como cualquier otro, pero su intimidad está instalada en aquel fondo inmutable que, sin posibilidad de cambio, da origen a toda su actividad.
 Ahora bien, el problema que queremos acotar no reside en las cualidades del sabio antes mencionadas, sino más bien en su capacidad de evitar la cólera.
Sin duda un antiguo dicho refiere que la cobra podría inyectarle su veneno, pero el sabio no tendría fiebre, -sin duda estamos haciendo referencia a la cólera-, sabemos ahora que la cólera no puede atacar a un hombre sabio. Punto harto excepcional, sin duda, y no por algo intrínsecamente irrealizable, sino porque para el sabio es imposible que la cólera lo ataque, pues sus fuentes profundas están purificadas, y el agua que brota desde ellas no puede menos de ser pura. Sin poder mundano ni propiedades, el sabio hace el camino mirándolo todo con ternura y tratando a todas las criaturas con respeto y veneración. La túnica que lo envuelve es la paciencia, y sus aguas nunca serán agitadas.
En este contexto el sabio no tiene nada que defender; a nadie amenaza y por nadie se siente amenazado; por eso cuenta con la amistad de todos. Armas ¿para qué? No las necesita ¿Desde qué trincheras lo pueden amenazar?
No, definitivamente, el verdadero sabio no puede ser picado por la cobra de la cólera.


sábado, 3 de marzo de 2018

La salvación: primera parte




La sabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas, inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa. Ella envió a sus servidores a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: “El que sea incauto, que venga aquí”. Y al falto de entendimiento le dice: “Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé,. Abandonen la ingenuidad, y vivirán y sigan derecho
por el camino de la inteligencia”.

Proverbios 9, 1-6


Para posicionarnos en el contexto teórico exacto, me permito recordar algunas puntuaciones.
En primer lugar, como hemos dicho, al referirnos a la palabra SALVARSE no nos referimos de modo alguno a un sentido religioso, en especial cristiano, por la cual Dios libra al hombre del pecado y de la muerte, acto de salvación que nos llevará a la gloria eterna. Antes de proseguir, entendemos SALVARSE en su sentido vulgar.
En segundo lugar, pensando que la  (neurosis) de la mayoría de la gente es productora de debilidad y seca su voluntad (fe) para transferirnos el sufrimiento en fuente de paz, prescindimos de los “presupuestos de Fe y acudiremos a los medios humanos para suprimir el sufrimiento”. No obstante, podemos advertir que el plan terapéutico que estamos presentando es, netamente espiritual (cristiano), por incluir su carácter liberador.
En tercer lugar, nuevamente enunciamos otro concepto expresado con anterioridad: de modo alguno estamos propiciando un hedonismo egocéntrico: liberarte al hombre del sufrimiento humano para convertirlo en un ser feliz. Ciertamente, ése ya es un plan tan ambicioso y extendido en el tiempo, y, de hecho, ése es el objetivo de todas las ciencias y de todas las culturas. Pero, en nuestro caso, nuestra posición en trascender ese objetivo: Nuestra búsqueda y objetivo es reparar las condiciones que propician que el hombre sea capaz de amar.
En cuarto lugar, en las siguientes líneas, nos referiremos al hombre al que se dio en llamar, hombre sabio.



Sálvese quien pueda

Image result for salvese quien pueda imagenesMuchas técnicas actuales nos proponen en termino generales ejercicios de vaciar la mente que incluyen los siguientes parámetros: La primera propuesta es buscar un lugar tranquilo y luego adoptar una posición cómoda en donde el tronco y la cabeza deben permanecer en posición erecta y de ser posible las manos sobre las rodillas con las palmas mirando al cielo, con los ojos abiertos pero relajados, mirar un punto al frente a una distancia menor a un metro. Luego con el cuerpo bien relajado comenzaremos a sentir el equilibrio.
Luego nos concentramos en la respiración y si es posible hacemos la respiración abdominal. Toda técnica de respiración nos recuerda que esta consta de inhalación (absorber aire) y exhalación (expulsar aire) respiramos suavemente varias veces. Sentimos que todo nuestro ser se relaja que nuestro cerebro queda vacío. Lo indispensable es retener la sensación de vacío mental durante la mayor cantidad de tiempo posible.
Si bien al comienzo, la mente niega vaciarse y las imágenes nos acompañan, es este un proceso normal. No debemos expulsar por fuerza esas ideas, simplemente no prestamos atención y las dejamos partir. Cuando conseguimos llegar a esa sedante serenidad, en todo el ser, allí encontraremos un descanso profundo.
Estos ejercicios se recomiendan hacer aproximadamente unos diez minutos al levantarse y antes de acostarse. También es importante hacerlo ante estados de tensión o cansancio.
Siempre nos aseguran que, como todo ejercicio, el secreto del éxito se basa en la práctica tenaz, en la perseverancia, en la “repetición” y el la paciencia. Cada paso nos permite un avance. La clave del éxito esta en la repetición que no lleva a mejorar constantemente. De modo “mágico” veremos disminuir los pensamientos de tortura, la ansiedad desaparece y nuestro sueño mejora notablemente. Pero en nuestro breve recorrido queremos preguntarnos ¿a donde nos dirigimos al lograr este vacío?

La infatuación (el fuego que nos consume):
Es necesario aunque podamos ser tildados de pueriles distinguir el yo y diferenciarlo de la persona.
Si bien definimos a la persona “es una realidad conjunta y un conjunto de realidades que posee una constitución fisiológica, intelectual, un bagaje instintivo etc.” conjunto que esta regido y compenetrado por la conciencia que a modo de señor feudal integra toda y cada una de esas partes integrando de este modo al individuo.
Sabemos que la conciencia, adquiere y proyecta para sí misma una imagen de la persona (basada en el otro). “Naturalmente, una cosa es lo que la persona es, y a eso lo llamamos realidad, y otra cosa la imagen que yo me formo de esa realidad. Si la realidad y la imagen se identifican, estamos en la sabiduría u objetividad”.
Pero, por lo general existe un distanciamiento de la apreciación objetiva de sí mismo en un doble sentido: en primer lugar la conciencia rechaza su realidad y en segundo lugar, adquiere el complejo de omnipotencia: sueña y desea ser omnipotente. De este deseo pasa (neuróticamente) de manera insensible a tener una imagen ilusoria inflada e infatuada que muchos denominan “yo”  (neurosis).
En otro momento confundimos e identificamos lo que soy con lo que quisiera ser (o imagino ser) “y en el proceso general de falsificación, en este momento, el hombre se adhiere emocionalmente y a veces morbosamente, a esa imagen auroleada e ilusoria de sí mismo, en una completa simbiosis mental entre la persona y la imagen.

Resumiendo, el yo es una ilusión. Es una maraña concéntrica tejida, una trama tejida de deseos, temores, ansiedades y obsesiones. Es un centro al cual adosamos, agregamos, atribuimos todas nuestras vivencias, tanto sean las sensaciones recuerdos, ambiciones, proyectos.
El yo nace y crece y se alimenta con los deseos y, a la vez los engendra. (Tal como el aceite alimenta la llama de la lámpara).
El yo tiene mil rostros, cambia constantemente como suben y bajan las olas, en mudable como la luna, puede mostrar una cara alegre, luego ensombrecida, festiva, oscura. Podemos hablar de una serie de yoes que se suceden unos a otros. El yo es tan solo un proceso de destrucción y de construcción. Es una ilusión imaginaria.
Pero esta ficción llamada “yo”, nos seduce y nos obliga a adherirnos a ella con todos los deseos. El yo no es nuestra esencia, sino pasión encendida por los deseos por los temores y ansiedades, en definitiva: una mentira.

La MENTIRA, tan humana como la canallada es la madre de todos los males.
La mentira nos obliga a someternos a ella. Aquello que nos provoca tristeza y desanimo nos minan y corroen. Nos afanamos sin pausa por agregar un poco más de brillo a nuestra apariencia. Pasamos de la sartén a las brasas, en una danza enloquecida en torna a ese “fuego fatuo”. Y en esa enloquecida carrera, varía el ritmo y el vaivén de ese movimiento y de ese fuego, aparecen amargos recuerdos, sombrar de tristeza y ansiedades llenan el día y las inquietudes aguijonean. Y, de este modo el “yo” se convierte en ladrón robando paz, y la alegría de estar vivos.
El yo es, además, un Caín fraticida”. Entre los hermanos hace surgir murallas impenetrables, ataca, hiere y mata a todo lo que le pueda quitar protagonismo. Detrás de toda rencilla fraterna (entre hermanos y entre pueblos) siempre esta presente la imagen del yo. Solo le preocupa iluminar los “frutos de las envidias, la venganza, las peleas, el dolor y la muerte”.
Es muy común que por amor propio no podamos perdonar, la venganza se convierte en eterna compañera que quema a quien la porta creando un entorno de locura.
En nuestra comarca humana es mas importante aparecer y aparentar que tener, es más importante todo lo que pueda resaltar nuestra figura social que lo que verdaderamente tenemos y mucho menos lo que somos. Por eso es más importante lucir el vestido nuevo, invitar a ilustres desconocidos a conocer nuestra nueva mansión y dar deslumbrantes fiestas carentes de buena comida, con ilustres celebridades que se miran constantemente en el espejo de la vanidad y la apariencia. Así es nuestro mundo y nuestra sociedad: artificial, seductor  y tan bello como una mariposa, y tan peligroso como una polilla.
En resumen, este infatuado Yo es solo una quimera, es un fuego fauto,








sábado, 24 de febrero de 2018

Familia y violencia social






Violencia como reacción social


Hemos considerado hasta ahora, o bien el hombre en su conjunto, o bien las características que son comunes a todos los individuos de una misma sociedad dando interés particular a aquellas situaciones que frustran a los individuos y los llevan a conductas agresivas.
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El fenómeno de la violencia es anterior a la constitución de las familias tal como hoy en día la concebimos. La violencia, como hecho, se viene realizando desde los orígenes mismos de la humanidad. Toda sociedad humana, para poder subsistir como sociedad y renovarse, necesita transmitir a las nuevas generaciones su acerbo cultural y esto incluye modelos de conductas y respuestas determinadas ante una situación determinada. Cuando una comunidad es incapaz de transmitir su visión del mundo y todo su caudal de conocimientos y experiencias, esa comunidad está condenada a desaparecer.
Hasta en las agrupaciones más rudimentarias y con escasos número de integrantes, observamos que la comunidad ejerce en todo momento una acción sobre sus integrantes más jóvenes, esta influencia es espontánea y sistemática, incluye la participación activa de sus miembros en las actividades y hábitos sociales. Evidentemente, consideramos que es aceptado el esfuerzo de las generaciones adultas para capacitar a los más jóvenes aportando recursos destinados a satisfacer las necesidades básicas y a así adaptarse a las pautas de la sociedad. Es así como en las sociedades primitivas las nuevas generaciones se incorporan a la vida adulta sin demasiada reflexión sobre la importancia del hecho violento dentro del seno de la familia.
Pero la mayoría de la gente no elige de buena gana la violencia abierta cuando dispone de otros recursos, porque el precio a pagar por la violencia es elevado, el hombre no debe necesariamente recurrir a la fuerza física si tiene otras posibilidades de influencia, de poder, pues los costos de la fuerza física son más elevados.
El uso de la violencia familiar muestra la consecuencia, que los recursos de los cuales dispone el individuo llegan a sus límites. Y los riesgos  de esta violencia aumentan cuando la persona no está integrada en los tres campos importantes que son el trabajo, la familia y la vida social.
La acción violenta y sistemática aparece, como vemos, en su forma más pura en todos los grupos sociales y en todos los tiempos, muestra un cierto grado de sistematización a pasar de las diferencias de épocas y  culturales.
Desde lo que consideramos un punto de vista social, decimos que cuando la sociedad, sus políticas, su situación económica y financiera no permiten a sus integrantes la posibilidad de que cada uno de ellos desde su singularidad logre realizar sus proyectos y sus deseos, frustrando permanentemente al individuo, la violencia aparece como respuesta de parte de éste. Hay un grado de condicionamiento social el cual parece influir desde la infancia sobre los individuos y los instiga a recurrir a la violencia como forma de resolver conflictos. Debido a su magnitud, trascendencia y fácil difusión entre la población toda, la violencia se ubica en un lugar privilegiado dentro del amplio panorama de la epidemiología moderna, ya que la violencia es considerada como un fenómeno epidemiológico de la sociedad actual que se presenta la mayoría de las veces con el afán de manifestar la búsqueda de un cambio de estructuras.
A lo largo de la historia vimos que es también posible que llegue a organizarse un grupo de personas frustradas. Pues, dichas personas tienen tendencias de conducta agresiva, son susceptibles de organizarse o unirse alrededor de una norma de agresión.
Ya hemos visto anteriormente  que el individuo frustrado no precisa una agresión específica; como consecuencia recurrirá a cualquier forma de agresión.  Un ejemplo acentuado y repetido son el de ciertos grupos llamados subversivos que tienen un comportamiento negativo, en estos grupos no propugnan de manera serie reformas u objetivos sociales a obtener, sino que reducen sus esfuerzos a incitar ataques sobre ciertos individuos o grupos, a veces con tinte político, otras con tinte religioso, pero el afán primero sigue siendo el mismo: someter al otro. En cuanto a los dirigentes de estas organizaciones no existe la menor duda de que están constituidas por personas frustradas que poseen una fuerte motivación por un objetivo y están adaptadas socialmente.
El estudio de la conducta en los tumultos y los desórdenes sociales, revela también el atractivo que la conducta destructiva tiene para ciertos grupos de personas, una vez se les abre o simplemente se les manifiesta una vía para tal actividad no dejan de involucrarse en ella. Es imposible explicar la conducta de una multitud refiriéndonos simplemente al incidente que la ha puesto en marcha. Las frustraciones y las tensiones en gran escala preceden a estos estallidos sociales y son las causas que le dan sustento: Los incidentes ocasionales y las sugestiones sirven para precipitar, coordinar y dirigir el curso de la acción agresiva, así como para proporcionar la seguridad de la acción del grupo y su triunfo que lo llevará a ser más y más fuerte.
La naturaleza no específica de los sentimientos de agresión y el hecho de que todos los seres humanos no carecemos de ella ­-aunque  difiera el grado de manifestación- , hace que sea relativamente fácil organizar grandes cantidades de personas frustradas y agresivas. Los movimientos sociales de este tipo son potencialmente grandes y el programa de acción es destructivo.
El por qué de algunos actos de violencia puede, en determinadas circunstancias, no tener una motivación única.

Los factores sociales, religiosos, económicos y raciales son susceptibles de entrelazarse y producir resultantes tan trágicas como los asesinatos de personajes importantes en la sociedad de su tiempo  como por ejemplo: Gandhi, Kennedy y Luther King.

Una sociedad intolerante ubica a los comportamientos violentos en un sitio de privilegio. Leemos: Julián Marías en sus "Reflexiones sobre la tolerancia", ubica a la violencia como una forma intolerante de actuar. "La intolerancia -dice- no consiste en una simple actitud  hostil hacia posiciones, ideas, creencias que no se comparten. Se puede muy bien discrepar enérgicamente o combatir  enérgicamente cualesquiera puntos de vista, sin ser por ello intolerante. La intolerancia surge cuando no se acepta  la realidad, cuando se ejerce la violencia sobre esa tal realidad, en otras palabras, cuando se la descalifica, cuando no se reconocen sus títulos, sus derechos a existir. La lucha no está en oposición con la tolerancia. La intolerancia consiste en querer suprimir una realidad, no en dejarla ser lo que es y combatirla porque parece inconveniente. El partido político que está persuadido de ser el mejor y combate al adversario y procura vencer y conseguir el poder, no es forzosamente intolerante; pero lo es si lo que quiere es eliminar al adversario, no dejarlo luchar, estorbar su existencia o su expresión, impedir que presente su programa, sus razones y sus argumentos ."  [1]

Otra forma de conducta antisocial que también se expresa con violencia y que tiene como agentes causales un conjunto de factores diversos es la delincuencia. Los principales factores que la promueven son: sociales, educacionales y psicológicos, generalmente superpuestos entre sí y que están vinculados con el ambiente familiar y social del individuo: en el primer caso, la carencia de cohesión familiar y la falta de afecto de los padre son fundamentales; en el segundo, es frecuente encontrar delincuencia asociada a grupos de baja condición social, en la ciudad más que en el campo, y en general se observa un aumento de la delincuencia aparejado con el deterioro socioeconómico y la quiebra de los valores morales.

Un movimiento político violento promueve destrucción entre sus integrantes y en la sociedad a la que ataca. Un movimiento de esta clase puede ser muy fuerte debido a que se encauza y sincroniza la acción de una gran masa de personas que son coordinadas por un dirigente de dicho  movimiento que se organiza sobre una norma de agresión y está en una posición muy poderosa respecto de sus subordinados. Es el líder el  que determina la forma de agresión que se tomará y el modo en que dispone para regular la acción. La gran provisión de energía destructiva generada por la frustración se provee fácilmente, y el dirigente puede no sólo hacer de proveedor, sino que puede también hacer de conductor de dicha frustración.

Si miramos la historia reciente, vemos, para mencionar algunos episodios y con el simple propósito de ilustrar nuestras líneas, que hubo una serie de hechos  que conmovieron al mundo como manifestación exterior de un proceso social de profundas raíces protagonizado por la rebelión estudiantil de universitarios en diversos países desarrollados en Europa y Estados Unidos en la década del sesenta. Este episodio, intentó demostrar que el movimiento de rebeldía y violencia de los estudiantes universitarios no se conformaba con la transformación profunda de la universidad, sino que se proclama como " fuerza política " de oposición al régimen establecido.

Este hecho tuvo y tiene singular trascendencia en los países europeos y altamente desarrollados, pues los grupos estudiantiles se constituyen en dirigentes de una masa de juventud que representa más de la mitad de la población total, lo cual traducido en elemento epidemiológico, significa que el número de susceptibles es muy importante. Por ejemplo, en mayo de 1968, Alemania Occidental, un grupo de jóvenes estudiantes elevó la violencia a la condición de doctrina al desatar una campaña progresiva de desórdenes que se extendió rápidamente a Francia, España, Italia, Checoslovaquia, Japón, Yugoslavia y Estados Unidos. La campaña mostró un evidente grado de homogeneidad en el contenido y en la acción de estos hechos de los cuales solo mencionamos algunos de ellos y hace pensar que no son sino manifestaciones de una real y profunda enfermedad de nuestra sociedad actual.

Personajes tales como Mao, Ho Chi Min y Ernesto Guevara fueron elevadas a la condición de mito que representa la  " nueva conciencia ", y los estudiantes universitarios se transformaron en depositarios, herederos  e intérpretes de esa nueva conciencia emergente de las injusticias de las sociedades desarrolladas. Porque en ese marco, no se trató de invocar los derechos de un estrato o de una clase social, sino de pueblos enteros, los llamados subdesarrollados, para que se enfrenten dialécticamente a los desarrollados, que son los causantes de su situación.

Si bien la violencia es una serie de actos y de situaciones que impiden el desarrollo del hombre y existe una interacción entre la violencia del individuo y la de la sociedad: el desarrollo del individuo se obstaculiza cuando las necesidades biológicas, psicológicas y sociales no están abiertas y como hemos dicho con anterioridad, el umbral de la tolerancia a esta frustración es variable de individuo a individuo, algunos son más proclives a reunirse con otros que comparten el comportamiento violento como respuesta a los conflictos, la manera por medio de la cual la sociedad responde a las necesidades de los individuos en función de su política a nivel del arte, del trabajo y de los valores transmitidos por esta política, determinarán la calidad de vida y de las relaciones. Pero cuando el factor social frustra permanentemente al individuo y en consecuencia bloquea su desarrollo, la energía aparecerá a menudo en forma explosiva y lo más frecuentemente en el medio familiar. Y es  en este ambiente hostil dónde se formarán los niños que integraran entonces, las normas de violencia estructural. Fue muy extendida la aceptación de esta idea, tal es así que incluso fue expresada en muchas ocasiones a través de documentos eclesiásticos.

A modo de conclusión nos hacemos eco de las palabras de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, quien formuló en 1979 ante las Naciones Unidas una vehemente exhortación En su apasionada defensa de los derechos del hombre condenó la injusticia como la verdadera raíz de todas las guerras. 
En aquella ocasión  dijo:
"La declaración universal de los derechos del hombre  -dijo-, "ha afectado realmente a múltiples y profundas raíces de la guerra, porque el espíritu de la guerra, en su significado primitivo y fundamental, brota y madura allí donde son violados los derechos inalienables del hombre. Esta es una nueva perspectiva, profundamente actual, más profunda y más radical, de la causa de la paz. Es una perspectiva que ve la génesis de la guerra... en las formas más complejas que derivan de la injusticia considerada bajo todos sus distintos aspectos".  [2]

Retomando el análisis del comportamiento social del hombre resulta demasiado arriesgado asignarle conductas instintivas puras, dado lo determinante de lo social y cultural.  En  la sociedad humana la organización social no está fijada fisiológicamente. No existe diferencia de inteligencia desde el punto de vista de la diferenciación entre sexos. El hombre es el único que tiene conciencia de sí, puede  identificarse con el otro y controlar, en ese proceso de identificación, su propia reacción. Además, los hombres viven en un campo que se extiende desde un pasado distante hasta un lejano futuro: el pasado y el futuro constituyen realidades presente.
Aquello que caracteriza al lenguaje humano es la combinación que logra con sus elementos, no éstos considerados aisladamente. Las características que lo hacen único son las siguientes: por un lado, a arbitrariedad de signo lingüístico y por otro, la posibilidad de revestir combinaciones con significantes arbitrarios. Esto significa la presencia de estructuras enunciativas o la construcción gramatical y por último la doble articulación del lenguaje.

La violencia como problema

Hemos visto que la violencia es un hecho, un fenómeno, una realidad dinámica en la vida del hombre. Pero la violencia familiar es algo más que un hecho condicionado socialmente. Es una tendencia, una forma de resolución de conflictos a través de conductas destructivas. La violencia familiar no puede ser entendida como una solución definitiva ni como un simple hecho privado que está determinado por factores necesarios y forzosos. Por su esencia es un problema complejo que reclama urgentes soluciones.






[1] Mazzáfero, Vicente E. Medicina en salud Pública. El Ateneo página 244

[2] Vicente Enrique Mazzáfero y colaboradores. Medicina en salud Pública. El Ateneo. Página 231