sábado, 6 de febrero de 2016

San Pablo Miki




6 de febrero
San Pablo Miki y compañeros mártires




"Llegado a este momento final de mi existencia en la tierra, seguramente que ninguno de ustedes va a creer que me voy a atrever a decir lo que no es cierto. Les declaro pues, que el mejor camino para conseguir la salvación es pertenecer a la religión cristiana, ser católico."
Fueron 26, martirizados el mismo día, 5 de febrero del año 1597.

Los mártires jesuitas fueron:
San Pablo Miki: japonés de familia de la alta clase social, hijo de un capitán del ejército y muy buen predicador:
San Juan Goto y Santiago Kisai: dos hermanos coadjutores jesuitas.
Los franciscanos eran:
San Felipe de Jesús, un mexicano que había ido a misionar al Asia.
San Gonzalo García que era de la India,
San Francisco Blanco, San Pedro Bautista, superior de los franciscanos en el Japón y San Francisco de San Miguel.
Entre los laicos estaban:
un soldado: San Cayo Francisco; un médico: San Francisco de Miako; un Coreano: San Leon Karasuma, y tres muchachos de trece años que ayudaban a misa a los sacerdotes: los niños: San Luis Ibarqui, San Antonio Deyman, y San Totomaskasaky, cuyo padre fue también martirizado.
A los 26 católicos les cortaron la oreja izquierda, y así ensangrentados fueron llevados en pleno invierno a pie, de pueblo en pueblo, durante un mes, para escarmentar y atemorizar a todos los que quisieran hacerse cristianos.
Al llegar a Nagasaki les permitieron confesarse con los sacerdotes, y luego los crucificaron, atándolos a las cruces con cuerdas y cadenas en piernas y brazos y sujetándolos al madero con una argolla de hierro al cuello. Entre una cruz y otra había la distancia de un metro y medio.
Testigos de su martirio y de su muerte lo relatan de la siguiente manera: "Una vez crucificados, era admirable ver el fervor y la paciencia de todos. Los sacerdotes animaban a los demás a sufrir todo por amor a Jesucristo y la salvación de las almas. El Padre Pedro estaba inmóvil, con los ojos fijos en el cielo. El hermano Martín cantaba salmos, en acción de gracias a la bondad de Dios, y entre frase y frase iba repitiendo aquella oración del salmo 30: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". El hermano Gonzalo rezaba fervorosamente el Padre Nuestro y el Avemaría".
Al Padre Pablo Miki le parecía que aquella cruz era el púlpito o sitio para predicar más honroso que le habían conseguido, y empezó a decir a todos los presentes (cristianos y curiosos) que él era japonés, que pertenecía a la compañía de Jesús, o sociedad de los Padres jesuitas, que moría por haber predicado el evangelio y que le daba gracias a Dios por haberle concedido el honor tan enorme de poder morir por propagar la verdadera religión de Dios. A continuación añadió las siguientes palabras:
"Llegado a este momento final de mi existencia en la tierra, seguramente que ninguno de ustedes va a creer que me voy a atrever a decir lo que no es cierto. Les declaro pues, que el mejor camino para conseguir la salvación es pertenecer a la religión cristiana, ser católico. Y como mi Señor Jesucristo me enseñó con sus palabras y sus buenos ejemplos a perdonar a los que nos han ofendido, yo declaro que perdono al jefe de la nación que dio la orden de crucificarnos, y a todos los que han contribuido a nuestro martirio, y les recomiendo que ojalá se hagan instruir en nuestra santa religión y se hagan bautizar".
Luego, vueltos los ojos hacia sus compañeros, empezó a darles ánimos en aquella lucha decisiva; en el rostro de todos se veía una alegría muy grande, especialmente en el del niño Luis; éste, al gritarle otro cristiano que pronto estaría en el Paraíso, atrajo hacia sí las miradas de todos por el gesto lleno de gozo que hizo. El niño Antonio, que estaba al lado de Luis, con los ojos fijos en el cielo, después de haber invocado los santísimos nombres de Jesús, José y María, se pudo a cantar los salmos que había aprendido en la clase de catecismo. A otros se les oía decir continuamente: "Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía". Varios de los crucificados aconsejaban a las gentes allí presentes que permanecieran fieles a nuestra santa religión por siempre.
Luego los verdugos sacaron sus lanzas y asestaron a cada uno de los crucificados dos lanzazos, con lo que en unos momentos pusieron fin a sus vidas.
El pueblo cristiano horrorizado gritaba: ¡Jesús, José y María!
Fuente: ewtn.com

Fecha de canonización: 8 de julio de 1862 por el Papa Pío IX.




viernes, 5 de febrero de 2016

Miércoles de cenizas 2016




10 de febrero 2016 
Miércoles de Cenizas
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En esta fecha, los católicos tenemos un día de ayuno.
En este día además se realiza la imposición de ceniza a los fieles que asisten a Misa. 
Se da inicio a la “Cuaresma” (40 días de preparación para la Pascua), que comienza el miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos.


¿Cómo se elaboran las cenizas para este ritual?
Se elaboran a partir de la quema de las ramas de olivo del Domingo de Ramos del año anterior, siendo luego bendecidas.
Las cenizas son colocadas sobre la frente de los fieles mientras el sacerdote pronuncia las siguientes palabras: “recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir”.
La ceniza es la representación de los errores del año que pasó.


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Miércoles de Cenizas: comienza un tiempo relevante

Santa Águeda




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Santa Águeda, virgen y mártir
Memoria




De belleza extraordinaria y Padeció el martirio en Catania (Sicilia), probablemente en la persecución de Decio [249-251]. Desde la antigüedad su culto se extendió por toda la Iglesia y su nombre fue introducido en el Canon romano.
Perteneció a una familia rica e ilustre, y que habiendo sido consagrada a Dios desde sus primeros años, triunfó de los muchos asaltos a su pureza. Quinciano, un dignatario consular pensó que podría llevar a cabo sus perversas intenciones contra la santa a través del edicto del emperador contra los cristianos. Así, Quinciano ordeno que la entregaran a una casa de mala fama donde la santa sufrió asaltos y asechanzas contra su honra.
Luego de un mes, Quinciano trató de asustarla con sus amenazas, pero ella se mantuvo como una fiel sierva a Jesucristo. Molesto por su negativa, el cónsul mandó que fuera azotada y llevada a prisión. Al día siguiente fue interrogada de nuevo pero su firme adhesión a Cristo fue motivo de nuevas torturas y sufrimiento para la santa, quien expiró pronunciando alabanzas para nuestro Señor.



martes, 2 de febrero de 2016

Presentación del Señor: Fiesta de la Candelaria


2 de febrero
Presentación del Señor - Fiesta de la Candelaria
Fiesta

Presentación de Jesús al templo (Fiesta de la Candelaria) Image result for presentacion del señor imagenes


Tiene su origen en la celebración litúrgica de la fiesta de la purificación y la presentación del Niño Dios al templo.

José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén.
Como eran pobres, llevaron dos palomas blancas.
Al entrar al templo, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, tomó en brazos a Jesús y lo bendijo diciendo que Él sería la luz que iluminaría a los gentiles. Después, le dijo a María que una espada atravesaría su alma, profetizando los sufrimientos que tendría que afrontar.

El día 2 de febrero de cada año, se recuerda esta presentación del Niño Jesús al templo.
También ese día, se recuerdan las palabras de Simeón, llevando candelas (velas hechas de parafina pura) a bendecir, las cuales simbolizan a Jesús como luz de todos los hombres. De aquí viene el nombre de la “Fiesta de las candelas” o el “Día de la Candelaria”.


Image result for nuestra señora de la candelaria imagenesLa Fiesta de “La Candelaria” se celebra el 2 de febrero, coincidiendo con la celebración de la presentación del Señor y la purificación ritual de la Virgen María. A mediados del siglo V esta celebración era conocida como la “Fiesta de las luces”. 

Es una fiesta que podemos aprovechar para reflexionar acerca de la obediencia de María y para agradecer a Jesús que haya venido a iluminar nuestros corazones en el camino a nuestra salvación eterna.







lunes, 1 de febrero de 2016

Oraciones a San José: Treintena



Treintena a San José (versión moderna)

(Para obtener alguna gracia extraordinaria)
¡Amado San José! Desde mi pequeñez y dolor y ansiedad, te contemplo con emoción y alegría en el cielo, donde resides con los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, alegría de los tristes, amparo de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios.
Por eso yo, pobre, desvalido, frágil y necesitado, te dirijo hoy y siempre mis tristezas y alegrías, mis ruegos y súplicas, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente traigo ante tu imagen un sufrimiento que consolar, un mal que remediar, una desgracia que impedir, una necesidad que resolver, una gracia que obtener para mí y para mis seres queridos.
Y para animarte aún más a oírme y obtenérmelo, te lo pediré durante estos treinta días, urgente y confiadamente, recordando los hitos que en tu vida marcaron tu fidelidad a toda prueba, y que son los motivos que tengo para esperar que no demores en responder a nuestra necesidad.
1.- Te lo pido por la bondad divina que movió al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, Dios Hombre, el Señor Jesús.
2.- Te lo pido por la prontitud con la que respondiste al llamado de ser Padre adoptivo del Señor Jesús y Casto esposo y custodio de nuestra Santa Madre.
3.- Te lo pido por tu fortaleza discreta y silenciosa con la que buscaste un establo para cuna de Dios, nacido entre los hombres, que le obligan a nacer entre animales.
4.- Te lo imploro por la pronta obediencia con la que impusiste al Reconciliador el Santo Nombre de Jesús, por disposición del Eterno para consuelo, amor y esperanza nuestra.
5.- Te lo suplico por el dolor heroicamente aceptado al oír del Ángel la muerte decretada contra tu Hijo Dios, y por tu valerosa huida a Egipto, por los sufrimientos del camino, por la pobreza del destierro, y por las inseguridades del retorno a Nazaret.
6.- Te lo pido por tu aflicción dolorosa de tres días al perder a tu Hijo, y por tu alegría intensa y discreta al encontrarle en el templo; por el gozo inefable de los treinta años que viviste en Nazaret con Jesús y María sujetos a tu autoridad y providencia.
7.- Te lo ruego por el heroico sacrificio con que aceptaste la misión del Señor Jesús: la cruz y la muerte por nuestra reconciliación.
8.- Te lo imploro por el heroico desprendimiento con el que todos los días contemplabas aquellas manos infantiles que serían taladradas un día en la Cruz; aquella cabeza que se reclinaba sobre tu pecho que sería coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabas contra tu corazón, que sería extendido en la Cruz.
9.- Te lo pido por tu tránsito de esta vida y tu entrada al Cielo, donde tienes tu trono de poder.
10.- Te lo suplico por tu gozo cuando contemplaste la Resurrección del Señor Jesús, su ascenso a los Cielos y su trono de Rey inmortal por los siglos.
11.- Te lo pido por la dicha con la que contemplaste ser ascendida a los Cielos por los ángeles a tu santísima Esposa y coronada por el Eterno como Reina y Señora de todo lo creado.
12.- Te lo ruego y espero confiadamente por tus trabajos, dolores y sacrificios en la tierra, y por tus triunfos y tu bienaventuranza en el Cielo con tu Hijo Jesús y con Santa María.
¡Oh mi buen San José! Yo, inspirado en la fe de la Santa Iglesia y en comunión con el sentir universal del pueblo cristiano, siento en mí la confiada fuerza, que me alienta a pedirte, suplicarte y esperar me obtengas de Dios la gracia que voy a poner ante esta imagen en la tierra y ante tu trono en el Cielo: la espero, Santo Patriarca.
(Aquí, levantado el corazón a lo alto, se pide al Santo la gracia que se desea.)

Aquí les agrego las palabras finales de la versión antigua

También te suplico San José, por mis familiares y por los que me han pedido ruegue por ellos, les alcances cuanto deseen y les es conveniente.
¡Oh, San José!, ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración
Oh, Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima, concédenos que así como lo veneramos como Protector en la tierra, merezcamos tenerlo como intercesor en los Cielos. ¡Oh, Dios!, que vives y reinas por los siglos. Amén.

¿De dónde surge esta oración?
Esta devoción está tomada de un folleto impreso en Buenos Aires bajo la firma del sacerdote jesuita J. Santillana.
En él se puede leer lo siguiente acerca de la misma: "Basta la lectura de esta Oración para tenerla como muy cristiana y teológica y como muy recomendable y eficaz para conmover ese poder y bondad del Santo Patriarca y para alcanzar por su medio las gracias más difíciles y extraordinarias.
Las razones de esta afirmación son las siguientes:
a) La materia doctrinal de esa Oración es la más teológica y completa.
b) El fin general de ella, el más devoto y grato al Santo: honrar la memoria de los treinta años que vivió con Jesús y María en la tierra.
e) Los títulos que se invocan, poderosísimos para mover el corazón del Santo.
d) La forma ferviente en que está escrita es de fe vivísima, de ternura sensible, y de urgente e irresistible instancia... Es el alma toda la que en todas sus frases pide y suplica, gime y llora, conmueve y triunfa de las resistencias del mismo Dios.
e) Y si a todo se añade la insistencia y perseverancia durante treinta días en tan larga y vehemente súplica del alma, no será temerario afirmar según el dogma católico que es una oración teológica y cristiana, eficaz e irresistible.
f) No hay en ella nada de superstición o revelación o infalibilidad o algo imposible o impropio. Por el contrario lo que se pide y se confía conseguir es sencillamente algo muy conveniente y necesario; aunque difícil y extraordinario; pero nada de milagros infalibles y a plazos fijos y por modos y prácticas supersticiosas. Todo está fundado en el dogma católico de la oración e intercesión de los Santos, y en la creencia y confianza del pueblo cristiano en el poder y bondad del Santo Patriarca.
La práctica de esta devoción ha de ser muy sencilla. 
Récese la oración treinta días consecutivos, y será más eficaz rezarla ante la imagen o altar del Santo; pero cuando eso no sea posible, puede rezarse en la casa particular. Se recomienda mucho la comunión, al menos los miércoles de esos treinta días. Finalmente se ruega que se dé cuenta de las gracias obtenidas".
La fiesta de San José se celebra el 19 de marzo.